FERNANDO SAVATER - Ética y ciudadanía (conferencia)
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Oh.
[Música]
Excelentísimo señor rector, eh queridas
amigas y amigos,
en primer lugar tengo que dar las
gracias a quienes han propiciado mi
visita a Monterrey a esta ocasión de
reunirme con con todos ustedes y que
durante mucho tiempo y con esfuerzo y
paciencia pues han organizado los eh los
trámites para que yo pudiera estar aquí.
Y además es particularmente gozoso para
mí estar en una cátedra que tiene el
nombre de Alfonso Reyes, uno de los
mentores literarios que sobre todo en el
campo de ensayo,
[Música]
de que la primera vez que viajé a Grecia
o recién casado hace 30 años
aproximadamente lo hice con dos
volúmenes de las obras completas Reist
en en el en la maleta para ir leyendo
pues sus textos sobre Grecia, sobre los
héroes, su traducción de la Ilíada,
etcétera.
Reyes fue ha sido un gran un gran
maestro de la prosa a la vez certera y
económica, de esa capacidad de comunicar
con un máximo de expresividad y de
matices y un mínimo de pomposidad y de
retórica gera, ¿no? Y en fin, algunos
también a lo largo de toda nuestra
trayectoria intelectual, pues hemos
intentado eh a la con la distancia,
evidentemente, de de las diferencias de
talentos, pero hemos intentado seguir
esa esa línea de de expresión que a mí
me ha parecido, por lo menos, es la que
me ha gustado más leer y también me
gusta escribir.
Bueno, yo hoy quería plantear unas
cuestiones que probablemente les sonarán
a ustedes como conocidas
y que sin embargo pues son las que me
han ocupado con más extensamente a lo
largo de los últimos años.
Es decir, la relación entre la ética,
que es el campo al que yo me he dedicado
más profesionalmente y en el cual quizás
soy menos incompetente y la ciudadanía,
que cada vez más me parece que es una
disposición esencial para entender no
solo nuestro presente, sino sobre todo
nuestro futuro. Es decir, si pensamos e
la el futuro de nuestros países, de
nuestras democracias, desde conceptos
brumosos y a veces caníbales, como es el
concepto de pueblo, de etnia, de todos
los conceptos grupales cerrados que
tienen más referencia hacia el pasado
que hacia el futuro y cuyos efectos
dramáticos. Estamos viendo hoy, por
ejemplo, en Europa, un mundo, digamos,
dividido en colectividades tribales,
cerrado sobre tradiciones inescrutables,
que entre sí sea impermeable y incapaz,
digamos, de abrirse a las verdades de
los demás, a las a las formas y a los eh
y a las creaciones de otros. Yo creo que
ese mundo es será un mundo invivible,
será un mundo de getos en que se
superpondrán las las diversidades de los
colectivos, pero los individuos estarán
obligados a una uniformidad dentro de
cada uno de sus grupos, porque eh muchos
de los defensores de la diversidad
étnica, sin embargo, luego reclaman la
uniformidad dentro de cada uno de esos
grupos y yo creo que más bien, en
cambio, el concepto de ciudadanía es el
concepto
de aquellos que entran en la democracia
sin renunciar a sus raíces y a sus
tradiciones, pero poniéndolas como entre
paréntesis, eh dejándolas en un
principio, a un lado para intervenir en
lo que tienen en común con otros.
Lo lo propio del ciudadano no es
reivindicar
lo
propio en el sentido de lo único de lo
que uno tiene y nadie más tiene, sino al
contrario, buscar lo común con los
otros.
Eh, mientras que eh la mentalidad tribal
etnicista
busca lo propio y por lo tanto lo
intransferible,
la ciudadanía es eh lo que busca el
aquello en lo que todos podemos estar
más o menos en público, todo lo que
podemos intercambiar, no razones
cerradas sobre sí mismas, sino ese tipo
de razones que se pueden dar a los
otros, no el mundo, digamos, de lo
inescrutable, de lo de lo misterioso, de
lo que no se puede entender si no se ha
nacido aquí, si no se ha vivido en una
zona determinada, sino el mundo de lo
que puede explicarse a los demás porque
está al alcance de cualquier ser dotado
de razón. El mundo de las leyes claras,
revocables, el mundo donde todos los
seres humanos participan en la gestión
del presente y sobre todo del futuro,
que ese es el mundo de la ciudadanía.
Eh, los primeros ciudadanos, la primera
idea de ciudadanía en Grecia surge
cuando los padres de familia, los
cabezas de familia, mejor dicho, los
cabezas de familia renuncian a defender
exclusivamente los intereses de su
familia o de su tribu, de su gens, de su
de su bemos, ¿no? y se dedican a
intentar buscar lo que tienen en común
con los otros cabezas de familia con los
que conviven. El momento en que cada
cual renuncia a ser exclusivamente un
portaestandarte de su eh pequeño núcleo
vital y lo abre para asumir aquello que
está en la plaza pública, aquello que
comparte con los otros, ese es el
nacimiento de la ciudadanía. Y cada vez
más me parece que nuestro mundo, el
mundo futuro, el mundo del siglo
venidero, debe ser un mundo de
ciudadanos, es decir, un mundo donde
cada uno tenga derecho a reivindicar,
por supuesto, eh su lengua, su
tradición, su religión, su forma de de
vida o de convivencia. Pero esos sean
derechos que tiene cada persona sin
estar obligado por un grupo a
comportarse de una forma determinada y
no de otra. Es decir, que cada persona
pueda elegir eso que algunos sociólogos
actuales como Bauman y otros llaman
hábitats de significado. Que cada uno de
nosotros tenga o cree su propio hábitat
de significado en el cual tome aspectos
simbólicos de su vida. de una tradición,
otros de otra. Algunos aspectos eh de
nuestra de nuestra ética los tomamos de
una de una corriente, de nuestra
economía los tomamos de otra. Es decir,
que cada uno creemos nuestros propios
marcos de significado que no tienen que
ser no tienen que responder a una pauta
establecida obligatoriamente desde
fuera. H todos tenemos muchas
identidades. Somos cada uno de nosotros
legión, como eh en la Biblia se en el
Evangelio se dice de aquel eh demonio
que se encerraba en la piedra de Gadara.
Somos cada uno de nosotros legión en el
sentido de que a la vez pues podemos ser
padres o madres, podemos ser amantes,
podemos ser discípulos, podemos ser
maestros, podemos ser eh fanáticos de la
ópera o del fútbol, podemos ser
lectores, podemos ser eh personas
ligadas a tradiciones, a aficiones,
etcétera. Cada uno de nosotros tiene
muchas identidades y cada una de esas
identidades crea un hábito de
significado. Lo propio de la ciudadanía
es permitir
albergar dentro de unas pautas, de unas
normas comunes con otros, la mayor
cantidad posible de hábitat de
significado.
y este esta digamos esta situación del
ciudadano, este ciudadano que a la vez
inventa, revoca, participa en las leyes,
las sabe que esas leyes hay que tomarlas
en su momento como definitivas, pero a
la vez como algo que puede modificarse
por acuerdos sucesivos. Eso digo, está
ligado también a una concepción de la
ética.
Eh, la ética obviamente es una reflexión
individual que cada uno de nosotros
lleva a cabo sobre su propia libertad.
La ética no es un instrumento eh que se
maneja desde fuera contra los demás, no
es un instrumento para formular
reproches o para formular acusaciones a
los otros, como desgraciadamente
eh la mayoría de las quejas éticas que
oímos son protestas porque falta ética,
porque los demás no tienen ética, porque
eh los políticos o los banqueros o lo
quien sea no tiene suficiente entemente
ética. Bueno, en el fondo la ética en el
sentido fuerte y significativo del
término es una reflexión que cada uno
tiene que hacer sobre su propia
libertad, porque cada uno de nosotros no
conoce más que a un sujeto desde el
punto de vista de la libertad, que es a
sí mismo. Vemos los efectos de lo que
hacen los otros, pero no estamos dentro
de ellos para determinar cuáles son sus
objetivos, su intención, su buena o mala
fe. En cambio, estamos en el interior de
nosotros mismos y por eso el juicio
ético es un juicio sobre nuestra propia
plenitud, sobre nuestra propia
excelencia como seres humanos.
Naturalmente, ese juicio ético versa
sobre nuestra actitud o nuestra acción
como seres humanos en relación con
otros. No somos seres aislados. Una
cosa, cuando se habla de individuo,
siempre hay una imagen de un individuo
como alguien encerrado, separado o
desligado de los demás, ¿no? Nada más
falso. Es decir, eh la individualidad es
un producto de la sociedad. Las
sociedades, según han ido han ido
evolucionando más, se han ido
sofisticando más, han ido alejándose del
tribalismo y de y de la de la
mentalidad, digamos, eh colectivista,
mágica, teocrática, etcétera, del
pasado. Las según evolucionan las
sociedades van produciendo más
individualidad. La individualidad no
surge contra la sociedad, sino que es
parte de la evolución de la sociedad. En
fin. Eh, por lo tanto, los individuos no
son individuos asociales, no son
individuos en contra de la sociedad. El
individualismo no es una forma o no debe
ser una forma de escapar a las a las
obligaciones de la sociedad, sino
precisamente una forma de afrontar
nuestra vida en común con los otros.
Lo que quiere decir el individualista
o la actitud o el punto de vista, la
perspectiva individualista es que cada
persona tiene que ser consciente de su
capacidad de acción, de su capacidad de
intervención, de su responsabilidad en
el conjunto de los demás, que no puede
simplemente ser un engranaje, que no es
simplemente una parte de un organismo
general como los corales que están
formados por muchos seres unidos y
pegados. eh indisolublemente,
sino que el individualismo es una
posibilidad de intervención social a
partir de la responsabilidad de la
persona, pero no una posibilidad de
desligarse totalmente y de abandonar la
sociedad, entre todas cosas, porque
somos seres irremediablemente sociales.
Cada uno de nosotros piensa, proeza,
teme, ama en un lenguaje que no ha
inventado.
El lenguaje que llevamos cada uno dentro
de nosotros, ese lenguaje que no hemos
inventado y que nos han transmitido los
demás, es la sociedad dentro de
nosotros. Aún en Soledad, Robinson Cruzó
en su isla, hablaba y pensaba consigo
mismo en un lenguaje en el cual estaba
ya de alguna forma todo el oso, todo el
conjunto de espíritu que los demás nos
dan. Son los demás los que nos hacen
humanos. Eh, la humanidad no es algo que
brote en nosotros con una espontaneidad
de flor o de geranio como algo que brota
sin que nadie lo riegue ni lo cultive,
sino que la humanidad es una capacidad
de una forma de vida que nos damos unos
a otros. es digamos eh la esa especie de
matriz social, el útero de la sociedad,
el aquel que del cual nacemos por
segunda vez, nacemos fisiológicamente
del útero materno y luego nacemos
humanamente, socialmente, ese útero que
forma la comunidad humana, en la cual
aprendemos el lenguaje, en la cual vemos
los rostros de nuestros semejantes. Y
esa es la segunda el segundo nacimiento
de cada uno de losos. Por lo tanto, eh
la ética que se ocupa del sentido de la
libertad del individuo no deja de estar
también ligada con esa visión de la
ciudadanía, con esa visión de una forma
política en que los individuos no son eh
miembros de un gran organismo colectivo,
sino que pueden tomar decisiones que no
son puramente miembros de una etnia, de
una tribu, miembros de una raza,
miembros de un género o de un sexo, sino
que son sujetos de acción. Son sujetos
de acción social, cada uno con sus
determinaciones, cada uno con sus
derechos, pero también cada uno, digamos
puesto en común con los otros. Lo
característico del ciudadano es su
capacidad para ponerse en común eh sus
su forma de ser, su forma de pensar con
los demás. No hay ciudadanos que se
aíslen o que se eh hurten, digamos, a la
relación con los otros. La imagen
ciudadana por excelencia sigue siendo la
imagen de Sócrates en el Ágora, parando
a la gente, haciéndole preguntas,
interviniendo, eh siguiendo a las
personas en sus tareas cotidianas. Esa
es la visión de la ciudadanía, no una
visión que se aparta como la del sabio
oriental, por ejemplo, que se va a un
monte y se encierra en una cueva y no
quiere saber nada con los otros, sino
que en la sabiduría ciudadana es la
sabiduría del que al contrario desciende
hacia los demás, los busca allí donde
estén, intercambia con ellos opiniones,
no solamente razona, sino que es capaz
de escuchar razones, porque ser racional
no es solamente ser capaz de razonar,
sino ser capaz de entender las razones
de los otros. Muchas veces creemos que
una persona es eminentemente racional o
racionalista cuando es muy capaz de
argumentar sus actitudes. Un ciudadano
tiene que ser capaz de argumentar sus
demandas, de argumentar sus deseos y sus
planteamientos sociales, pero tiene
también que ser capaz de entender los
razonamientos de los demás, de entender
los planteamientos de los otros, de
entender la capacidad racional.
Precisamente
eh el conjunto de los ciudadanos que no
obedecen más que a leyes, es decir, que
no obedecen más que a pactos entre ellos
mismos, eh tiene que tener por encima de
los de los demás ciudadanos. No puede
haber un tirano, no puede haber una
decisión sobrehumana, sino lo que tiene
que haber es la razón misma, la
capacidad de entender, de escuchar, de
argumentar, de intercambiar eh opiniones
y de intercambiar eh motivos para tomar
un camino u otro.
En ese sentido, yo creo que la ética
tiene mucho que ver con la ciudadanía y
cada uno de nosotros eh cuando
reflexiona, yo creo en general, cuando
hacemos nuestras reflexiones éticas,
buscamos la forma mejor de ciudadanía.
Muchas veces a los profesores de ética
se nos dice qué sentido tiene enseñar
valores morales, enseñar principios
éticos, enseñar pautas de vida en un a
unos niños, a unos jóvenes que van a
tener que vivir en un mundo en el que
abundan los crímenes, las mentiras, la
corrupción, las guerras, la violencia.
¿Qué sentido tiene prepararles
éticamente para un mundo tan poco ético?
Bueno, yo confieso que no entiendo muy
bien esta objeción porque entonces, ¿qué
es lo que habría que hacer? Habría que
prepararles para que fueran más
corruptos, más criminales, más
explotadores, más violentos que los
demás. Precisamente porque el mundo en
conjunto no es ético, es por lo que hay
que preparar éticamente a las personas.
Precisamente porque el mundo no es como
nos gustaría que fuese, tenemos que
intentar inculcar ideales de
transformación y de reforma en los
jóvenes. Si no, no tendría ningún
sentido si el mundo fuera un lugar
perfecto, idílico, eh donde los seres
humanos vivieran fraternamente y no se
aprovecharan unos de otros niasen la
violencia en sus relaciones, no habría
nada que enseñar. y los profesores de
ética nos moriríamos de hambre y
bastaría con decirles a los niños, a los
jóvenes, hijo, sal a la calle y haz lo
que veas, ya está. Eso acabaría,
digamos, con el problema de la ética.
Precisamente porque el mundo no es así,
es por lo que hay que reflexionar sobre
los valores y sobre el tipo de mundo que
queremos. Si esto no nos parece bien,
¿cómo quisiéramos que fueran las cosas?
Y si las cosas no van a cambiar de golpe
de un día para otro, no podría ser que
al menos yo y las personas frente a las
cuales o sobre las cuales tengo alguna
influencia intentáramos cambiar para
comenzar a transformar las cosas en en
algo distinto, en algo más libre, en
algo eh digamos más más plenamente
humano de lo que ahora vemos. Esa es ese
es el reto de la ética. Muchas veces
habrán oído ustedes hablar de uno de
esos tópicos se mencionan muy
frecuentemente la crisis de los valores.
En nuestra época ya no hay valores.
Bueno, esos son h normalmente
planteamientos de moralina, ¿no? que lo
único que quieren decir es que bueno,
pues eh algunos prejuicios que se tenían
antes ahora no se tienen y que eh zonas
de epidermis que antes no se mostraban,
pues ahora se muestran y que en fin
cosas de ese tipo que no tienen nada que
ver con la moral, no tienen nada que
ver. Esto tiene que ver con la
superstición, pero no con la ética. La
ética trata de otro tipo de cosas.
trata, digamos, de buscar una plenitud
humana que no tiene nada que ver con
rutinas ni con gazmoñerías de este tipo.
Entonces, cuando se habla de crisis de
los valores, ¿cómo podrían estar en
crisis los valores? Los valores siempre
están en crisis porque el valor surge de
la crisis misma. Si yo voy por la calle
y veo a un tipo de 2 m pegando a un niño
de 5 años para robarle un chupachup,
bueno, evidentemente ahí surge una
crisis de valores. Es decir, yo no
quiero que esas cosas ocurran. creo que
no deberían ocurrir. Creo que eso está
mal y por eso entonces surge el valor
como mi resistencia aceptar que eso es
bueno. Como digo eso no debe ser,
propongo otro tipo de valor. El valor,
por ejemplo, de que los adultos no deben
maltratar a los niños o de que los
fuertes no deben aprovecharse de los
débiles o lo que ustedes quieran.
Entonces, el valor surge de la crisis.
Si las cosas no estuvieran mal, no nos
daríamos cuenta de que hay valores.
Precisamente nos damos cuenta de que hay
valores porque no nos gusta lo que hay.
Los valores son nuestra forma de
resistirnos al conformismo con lo que
hay. Entonces, la idea, que no sé a
quién se le ha ocurrido de que los
valores son una cosa que está ahí y que
está establecida y que ha habido épocas
en que la gente por la mañana abría la
ventana y veía un mundo en que todo
estaba tal como debía estar, decía, "Qué
bien está todo. Cómo todo el mundo
cumple con sus deber, cómo todos los
seres humanos son maravillosos y
abnegados. Eso realmente no existe. El
el testimonio escrito más antiguo de de
la de nuestra cultura, de la tradición
escrita que conocemos, es un texto que
se encontró en una tumba egipcia
aproximadamente de 2500 años antes de
Cristo y que se considera, se le llama
la canción del desesperado. En realidad
es un texto que era una especie de
testamento que estaba enterrado en una
tumba junto probablemente a la persona
que lo había compuesto o que lo había
pensado, ¿no? Y en ese una vez que se
desfró ese texto, el texto decía, eh,
este mundo es un lugar terrible. Eh, los
militares son violentos, los jueces son
prevaricadores, los comerciantes engañan
en el peso, las mujeres traicionan a sus
maridos, eh los hombres han perdido el
sentido del deber, las cosas no pueden
seguir así, este mundo se acaba. Y esto
lo decía 2,500 años antes de Cristo. Es
decir, tomémonoslo con calma, porque
parece que la situación, digamos, eh la
gravedad de la situación, la sensación
de que el mundo no cumple nuestras
expectativas es una sensación tan
antigua como la propia reflexión moral.
Precisamente la reflexión moral surge de
la convicción de que las cosas no
responden a lo que nosotros quisiéramos
que son. Y digamos, una persona que
tiene conciencia moral siempre es que
tiene mala conciencia, es decir, tiene
una conciencia que de alguna forma está
poco a gusto consigo mismo. La imagen de
alguien que está perfectamente
satisfecho consigo mismo, de alguien que
cree que todo lo hace perfectamente
moralmente muy bien, que no tiene dudas
ni ni de alguna manera vacinaciones
morales, no es una imagen ética, es la
imagen del fariseo, es la imagen del
filisteo o es la imagen del fanático,
que es muy peligroso porque el fanático,
como decía Volter, es el que dice,
piensa como yo o muere, ¿no? Y eso
desgraciadamente ha sido la norma
durante mucho tiempo. Y hoy
desgraciadamente también estamos viendo
que en algunos países y en algunos
lugares del mundo hay este mismo
principio de del piensa como yo o muere,
del que la única forma, digamos, de de
conciliación es o dices que adoptas mis
principios o vas a ser exterminado.
Entonces, la ética, yo creo que tiene
que sentir una complicidad con el
proyecto de ciudadanía.
La reflexión moral es a la vez una
reflexión sobre el papel de los
ciudadanos. ¿Por qué? Bueno, eh hablando
antes con los periodistas que
amablemente estaban en la rueda de
prensa conmigo, alguien mencionó el
nombre del un filósofo francés de
Lipovetki y Lipovetki en su libro El
Crepúsculo del deber
eh planteaba un un una un principio que
a mí me parece muy interesante. Dice,
"El código genético de nuestras
democracias es una ética laica, racional
de los derechos humanos. Es verdad, eso
es en cierta medida el código genético,
es decir, lo que la democracia lleva
corriendo por su sangre.
No puede haber una democracia en la cual
los principios sean unos principios
religiosos dogmáticos que unos compartan
y otros no. No puede haber una
democracia en la cual unas personas
porque tienen un color de piel
determinado o una pertenecen a unas
etnias determinadas o han nacido en una
forma de un lugar determinado o hablan
una lengua determinada, tengan unos
privilegios respecto a los que no gozan
de esa misma situación. No puede haber
una una democracia en la cual los
valores morales sean injustificables, es
decir, donde no puede haber un debate,
donde no puede haber una una
racionalización colectiva respecto a lo
bueno, a lo malo, a lo regular, a lo
debido, a lo indebido.
Yo creo que el hecho de nuestro código
genético es realmente efectivamente ese
tipo de ética, esa ética capaz de dar
razones, esa ética que no prescinde de
que cada cual tenga sus propias ideas
religiosas, pero que en principio no se
mantiene se mantiene en el plano
inmanente, en el plano de la del digamos
de este mundo que es lo que conocemos y
lo que podemos compartir. Otros, cada
uno tendrá sus propias experiencias
sobre ellos y luego una ética, digamos,
racional. Es decir, una ética capaz de
dar cuenta y darse cuenta de lo que
cree. No una ética llevada
exclusivamente por movimientos
inefables, sino una ética que expresa
puntos de vista que es capaz, digamos,
de mostrar la perspectiva, de decir,
"Ven aquí y mira desde donde yo estoy."
Porque en el fondo la actitud moral es
la capacidad de ponerse en el lugar del
otro.
Entonces, la forma, digamos, de
colaborar moralmente con los demás es
decir, "Ven aquí y mira desde aquí." Y
la disposición moral es la disposición a
ir a donde está el otro y mirar desde
ese ángulo, desde ese punto de vista. Yo
creo que estas son esas son
disposiciones necesarias, importantes
desde un punto de vista de la
ciudadanía. La ciudadanía tiene que
hacernos permeables a las razones de los
demás. Si nos convertimos en seres
totalmente impermeables, que no tenemos
nada que decir, que no tenemos nada que
expresar, que no tenemos nada que
intercambiar, que nos movemos h llevados
por extrañas eh fuerzas de la naturaleza
telúricas, eh la voz de la tierra, la
voz de la sangre, la voz de no sé qué,
de esas cosas que no son seres humanos y
por lo tanto cuya voz solo la
interpretan algunos y no los demás.
Porque claro, lo malo de la tierra y de
la sangre y del pueblo y de la etnia es
que como ellos no hablan porque no son
humanos,
hablan en su nombre determinadas
personas. Entonces ya cuando uno cree en
la voz de la tierra tiene que creer a
determinado señor o señora que dicen que
ellos son la voz de la tierra y que la
conocen muy bien y que por eso la
representan. Cuando uno h tiene que
creer la voz de la sangre es porque
escucha a alguien que dice que él es el
que interpreta y sabe lo que es la voz
de la sangre y así todo lo demás. En
cambio, cuando alguien dice, "Créame
usted a mí, yo voy a hablar en mi
nombre, yo le voy a decir lo que yo
pienso." Entonces no hace falta,
digamos, más que creer a esa persona.
Esa persona no está hablando respaldada
por ninguna especie de nebulosa cósmica,
sino que simplemente es un ser humano
semejante a mí, dotado de razón, que
intercambia puntos de vista conmigo. Eso
es imprescindible para una convivencia
acuerda, para una convivencia razonable,
para una convivencia verdaderamente
humana en un sentido no depredador del
término. Naturalmente, eh este tipo de
ciudadanía es algo que tiene
dificultades de instauración, es decir,
eh muchos países eh que se dicen muy
ciudadanos, sin embargo, están llenos de
prejuicios, exclusiones, marginaciones
de todo orden y por lo tanto la
ciudadanía se termina por convertir en
una palabra cada vez más más vacía, ¿no?
una palabra en la cual, digamos, no
confluyen las personas, en lo que al
contrario, las personas se van
separando, porque hay palabras, todos lo
sabemos, muy prestigiosas, términos muy,
en fin, que todo el mundo elogia mucho,
pero que luego en la realidad se
convierten en lo contrario de lo que
dicen. Yo lo aprendí en Colombia hace
unos años. Eh, yo estaba dando unas
charlas en un pequeño instituto de una
ciudad de provincia en allí en en
Colombia y a la cual acudían pues eh
gente de medios rurales. Bueno, entonces
yo dije, vamos a hablar de la
solidaridad y sabéis lo que es la
solidaridad, sabéis que es ser solidario
y entonces un niño, 12, 13 años se
levantó y dijo, "Sí, sí, yo sé que es
ser solidario. Bueno, a ver, explícalo a
los demás."
me dijo, "Bueno, eso es como cuando en
la aldea
hay mucha basura y hay restos y papeles
y botes y cosas abandonadas y entonces
alguien dice, "Venga, vamos a limpiarlo
todo." Inmediatamente pues uno va y se
pone a limpiar las cosas y vienen los
demás y entre todos empezamos a limpiar
la aldea. Pero de pronto alguien dice,
"Ay, me duele la cabeza." El otro dice,
"Mi mujer me espera, yo eh tengo que
irme, me he puesto malo." Me decía. Y al
final se queda uno completamente
solidario. Bueno,
a mí me parecía una buena explicación de
que efectivamente a veces eh a veces las
cosas son así. Es decir, todos hablamos
de que la solidaridad es muy hermoso,
pero luego dejamos completamente
solidarios a los que quieren a los que
quieren realmente ejercerla. Entonces,
la reflexión ética es un intento de dar
contenido sustancial a esas palabras
prestigiosas de la ciudadanía. Qué bien
está, digamos, la solidaridad, pero qué
mal está cuando la solidaridad se
entiende de este modo eh que con tanta
gracia explicaba este niño y con por
otra parte y con tanta perseicacia, ¿no?
Bueno, eh cuáles pueden ser las digamos
los valores eh éticos que a la vez son
valores ciudadanos, que los valores que
más nos pueden interesar o que más nos
pueden eh importar. Hay una una base en
la ciudadanía que es la inviolabilidad
de la persona. Es decir, el ciudadano,
desde el punto de vista político y desde
el punto de vista ético,
representa algo más allá de lo cual no
se puede ir, algo inviolable. no puede
ser sacrificado en beneficio de
determinados objetivos, de determinadas
metas, de determinadas ideas, por muy
valiosas que sean.
aquella vieja historia que planteaban el
Rousseau y otros y que decían, "Sí, en
la ciudad perfecta, en la ciudad
armoniosa, en la ciudad de la paz, en la
ciudad donde todo el mundo estaba
contento.
pronto alguien supiese que toda esa
armonía y toda esa paz social se debe a
que una persona en un calabozo ino que
los demás desconocen está siendo
torturada injustamente día y noche y que
ese es el precio que hay que pagar por
la paz y la armonía y la prosperidad del
resto. Entonces, ¿qué?
Bien, eh desde el punto de vista tanto
de la ética como de la ciudadanía, ese
precio sería innoble. Ese precio no
compensaría, no se podría pagar. No se
puede pagar un precio eh que importe la
el la exclusión, la injusticia, la la
tortura, el abandono de una persona en
nombre de que así se conseguirá tal o
cual objetivo colectivo, incluso en sí
mismo puede ser. De modo que la
inviolabilidad me parece un principio a
la vez ético y y ciudadano esencial. Por
otra parte, la autonomía de la de la
persona, es decir, la capacidad de que
la persona ética y ciudadanamente
rija su vida de acuerdo con unas pautas
y con unas objetivos propios.
Ninguno sabemos qué es en en términos
absolutos lo bueno y lo malo. De modo
que bueno, cada uno tiene que intentar
buscarlo a su modo. Cada uno debe tener
derecho a equivocarse por sí mismo. En
una palabra, eh, esos seres bien
pensantes que tienen todo claro y que se
obligan a imponérselo a los demás,
quieran o no, y fallan tanto en ética
como en ciudadanía. en ética, porque un
bien que se impone a los demás deja de
ser un bien. Desde el punto de vista
moral, solo es valioso el bien que surge
de uno mismo, nunca el bien que se le
impone a uno desde fuera de manera
coactiva. Y en el punto de vista
ciudadano, porque esas personas que
tratan de salvar a los demás a pesar de
sí mismos, me recuerdan siempre a aquel
célebre
cuento. Me contaban a mí en el colegio
del Boy Scout, eh, cuando su instructor
le llama al final del día, le dice,
"Bueno, ¿qué obras, qué buenas obras has
hecho hoy?" Boy escaud, he ayudado a
cruzar con un ciego la calle. El
instructor, "Pero todo el día no has
hecho más que eso." Dice, "Es que el
ciego no quería cruzar la calle ni en
broma." Bueno, eh el mundo está lleno,
digamos, de personas muy bien dispuestas
empeñadas en hacer cruzar a los ciegos
calles que no quieren cruzar. Entonces,
quizá haya que dejar a los ciegos que
decidan en qué acera de la calle tienen
que estar y no se les obliguen a
intentar cruzar de una calle a otra. y
el mundo, eh, digamos, la ciudadanía,
tanto la ética como la la ciudadanía,
están basadas en esa capacidad de de
equivocarse o de acertar por uno mismo.
En en una de sus cartas inglesas dice
Voltera, hablando de de de Inglaterra y
de la pluralidad religiosa y la
tolerancia religiosa que había en
Inglaterra y en contraste con la deidez
en Francia decía Volter en Inglaterra
cada uno va al cielo o al infierno por
el camino que prefiere. Bueno, este esta
es la idea, es decir, naturalmente que
tiene que haber un punto, unas unas
leyes, un marco común, pero después de
eso la búsqueda de una excelencia
personal, la búsqueda de una eh plenitud
vital es tarea de cada uno de las
personas. El paternalismo ético, ese
paternalismo que hace que el Estado sea
el encargado de decirnos a todos lo que
debemos tomar o lo que no debemos tomar,
a dónde debemos ir o lo que debemos ir.
eh cómo debemos, a qué hora debemos
acostarnos, qué debemos ver, qué nos
debe divertir, qué proyectos. Bueno, eso
realmente va en contra de unas
libertades básicas que hacen que además
dan su sentido a todos los planes
vitales. La gracia del plan vital es que
la elegimos cada uno. Naturalmente la
elegimos cada uno viendo a otros,
hablando con ellos, presentándonos
ideales morales. Nadie se inventa una
forma de vida totalmente aislada, pero
tampoco nadie puede ser obligado a ser
bueno de una forma que no corresponde a
lo que él cree que es el bien. Por lo
tanto, la autonomía, el respeto a la
autonomía, a los planes de excelencia de
cada persona, yo creo que es otro de
esos valores éticudadanos fundamentales
que hay que respetar.
Otra
otro valor que a mí me parece esencial y
que quizás en nuestra época sea el más
escuchado y el más repetido es el de la
dignidad de cada una de las personas.
dignidad entendida por de la persona por
ser humana, no por ser blanca o por ser
negra o por ser hombre o por ser mujer o
por ser religioso o por no serlo, sino
simplemente por ser una persona eh como
nosotros, es decir, un semejante.
Entonces, la dignidad de la persona es
no juzgar a nadie por nada que esa
persona no haya hecho o no pueda
remediar. Si uno juzga a otro por su
color, si juzga a otro eh por algún
defecto físico o por su sexo o o incluso
si lo juzga por su ignorancia, puesto
que no ha sido educado o por lo que sea,
de alguna forma está conculcando el la
capacidad de de crédito que tenemos que
dar al otro. A las personas hay que
juzgarlas por lo que hacen. Entonces,
hay en todas las razas, en todos los
sexos, en todos los grupos humanos, hay
personas eh excelentes, capaces,
abnegadas, eh creativas y personas que
son todo lo contrario. Y hay que juzgar
y reconocer a las personas por esas
capacidades y no por su procedencia.
digamos, si además se las juzga por su
genealogía, por sus antepasados o por su
linaje o por la buena familia o mala de
la que provienen, etcétera. La dignidad
es considerar a cada persona como
alguien proyectado hacia un futuro de
acciones y de libertad y no simplemente
condicionado por la necesidad, la
tradición y la genealogía previa a Yo,
yo creo que en nuestro mundo es cada vez
más importante cuando estamos viendo,
desgraciadamente, por ejemplo, en países
como la ex Yugoslavia, pero no solamente
ahí, pero estamos viendo como personas
que han convivido juntas, personas que
se tenían pues unas más simpatía y otras
menos, como se tienen los vecinos, como
tienen las personas que que que conviven
y de pronto, de un día para otro,
llevados por la propaganda, por el
fanatismo, por ideólogos enloquecidos,
no pueden convivir con quien hasta ayer
convivían perfectamente porque han
descubierto que es serbio o que es
cosobar o que es eh croata o que es
musulmán. Y eso imposibilita lo que
antes era una convivencia que no se
basaba en ningún prejuicio, sino que se
basaba simplemente en las cosas que
sabemos unos de otros. Yo eh recuerdo la
impresión que me produjo hace ya un par
de tr años quizá cuando en el periódico
en el que yo habitualmente colaboro en
el país, vino un periodista, un
periodista de Sanjego y y nos dijo, "Yo
os juro que hace tres o cu años no sabía
de dónde era nadie de los vecinos que
vivían en mi casa. Yo no sabía si el
vecino de abajo era croata. Yo no sabía
si el vecino de arriba era Bosnio
Musulmán. Yo no sabía si el portero era
Serbio. Es decir, yo convivía con ellos
sin haber preguntado nunca ese tipo de
cosas. Y vivíamos como señores que
éramos ciudadanos de Sarajevo, sin más.
Cada uno tendríamos nuestras
tradiciones, pero ninguno. Uno cuando
llegaba el domingo unos iban a misa,
cuando llegaba el sábado unos iban a a a
otra a a su a su sabat judío, lo que
sea. Y no había la idea de que yo estaba
pendiente de lo que eran. Y de pronto,
de un día para otro, fue decisivo
enterarse de la religión del uno, de la
raza del otro, de la etnia del otro,
porque si no estábamos perdidos, porque
se había decretado la caza del
diferente, del distinto. Esto es lo que
va directamente en contra de la dignidad
de la persona. personas tenemos que
tener de alguna forma una disposición
favorable sin saber o o sin o o aparte
de lo que puedan ser sus tradiciones o
sus colores de piel, todo lo contrario.
Todo lo que lo que no sea lo que no sea
eso es incurrir en lo que
San Pablo en una de sus en una de sus
epístolas hablando de Jehová, del Dios
en el que él creía, que no era muy
simpático, por cierto, eh dice San Pablo
que Jehová nunca comete prosopolepsia.
La prosopolepsia, que es una palabra
terrorífica, lo comprendo, pero ahora se
la aclaro. Eh, es una voz griega. Si
ustedes recuerdan, pues los que conozcan
algo de de esa lengua saben que prosopón
es máscara, la máscara. Y de ahí viene
también vino la luego las expresiones
que querían decir la persona. La máscara
es eh prosopon es la máscara que se
ponían los los actores de la tragedia y
lapsus. lapsus es error, equivocación,
nuestro lenguaje visual. Prosopolepsia
es confundir a alguien con su máscara,
equivocarse y creer que alguien es su
máscara. Entonces dice San Pablo que eh
Jehová nunca comete prosopolepsia, es
decir, nunca toma a nadie por su
máscara.
Todos llevamos máscara puesta, la
máscara de esas identidades que
decíamos, somos padres, somos madres,
somos eh varones, somos hembras, somos
eh tenemos tales o cuales creencias,
somos ingenieros, somos catedráticos,
somos no sé qué. Todos son máscaras.
Entonces, debajo de esas máscaras está
la realidad humana de cada uno. Y
Jehová, decía San Pablo, no se equivoca
y no confunde a nadie con su máscara. No
juzga a nadie por una clasificación
previa de las máscaras, sino por la
persona que hay y que maneja esas
máscaras bien o mal de acuerdo con su
comportamiento.
La dignidad humana se basa en no
confundir a nadie con su máscara, en
saber que lo importante es que debajo de
todas las sucesivas
identidades que podemos ir adoptando de
que podemos intercambiar con los demás,
hay una realidad, una realidad de la
intención, una realidad de nuestra
libertad y de cómo se expresa que esa es
la verdad de cada uno de nosotros y que
eso debe ser respetado por los demás,
puesto que nada nos va a respetar más
que los otros seres humanos en el en el
en el universo, ni los terremotos,
ni la naturaleza, ni la biología, nada
va a respetarnos. El ser humano no
cuenta nada en el universo. Eh, a pesar
de todos los entusiasmos ecológicos de
nuestro siglo, la naturaleza tiene un
desdén olímpico y quizá justificado por
nuestros proyectos, por nuestras
personas y por todo lo demás. Nadie va a
tomarnos en serio más que nosotros.
Por lo tanto, la dignidad humana es la
capacidad de rescatarnos de la
insignificancia que tenemos los humanos
unos con otros. Solo los humanos podemos
salvarnos de la insignificancia unos a
otros. Si esperamos que el sentido de la
vida nos venga de alguna ilusión
trascendental, estamos perdidos. Solo
otros seres humanos como nosotros nos
pueden rescatar de la insignificancia
reconociendo nuestra dignidad de seres
pensantes que se saben mortales. Y esa
es la base de la dignidad humana. Y por
lo tanto, eso también es una base que
está relacionada con la ética y con la
ciudadanía.
Y luego hay otro valor que es la la
solidaridad de la que hablaba este niño
o si quieren ustedes también la
dimensión de auxilio. Es decir, los
seres humanos tenemos principios muy
distintos, creemos en cosas muy
diferentes, gustos, objetivos, pero
compartimos algo fundamental que son
nuestras necesidades.
Es decir, si no estamos, si no nos
parecemos por nuestros principios, al
menos nos parecemos por nuestras
necesidades. Y por lo tanto, el la
capacidad de auxilio nos las nos la
brindan el constatar las necesidades que
entendemos. Sabemos que la gente
necesita comer, que necesita abrigo, que
los niños necesitan protección y no
maltrato, que las mujeres embarazadas
deben ser tratadas de otra forma que las
que pueden valerse por sí mismas, que
los ancianos deben tener algún tipo de
reconocimiento y de protección social.
Es decir, todo eso forma parte de que
conocemos nuestras necesidades.
No es cierto que no sepamos lo que
quieren unos u otros. Todos tenemos
muchos caprichos y creemos queremos
cosas muy raras, pero hay unas
necesidades básicas que son
imprescindibles y esas necesidades
básicas son las que motivan nuestro
auxilio. Yo no necesito saber cuál es la
psicología personal de cada uno de los
refugiados cosobares que están
atiborrando los campos de de de
refugiados para saber lo que necesitan
esas personas.
Yo sé lo que necesitan
imprescindiblemente. Ahora, por supuesto
que una vez que tengan sus cubiertas
todas esas necesidades, cada uno de
ellos tendrá sus gustos, sus apetencias,
sus sus intereses. Pero en principio lo
básico, lo fundamental, yo lo sé porque
son necesidades que comparto yo también
con ellos y por lo tanto hay una
posibilidad de reconocimiento de lo que
necesitamos, esa especie de bueno, lo
que se ha llamado compasión.
La compasión es padecer con el otro o
simpatía, la palabra es la misma, ¿no?
Sin pazos o compasión, es el mismo
mecanismo. Es la capacidad de sentir lo
que el otro padece y de intentar
remediarlo. La sociedad de los
ciudadanos, la sociedad democrática, es
la sociedad en la que nadie está
abandonado por los demás, o por lo menos
debería serlo. Y hay en de este punto
que que recordar que la ciudadanía
siempre tiene que tener una cierta base
material, es decir, desde la época
griega, no ya digo desde hace
tiempos más recientes, sino desde la
época griega, ya en la Atenas clásica, a
los más pobres e la el grupo social les
daba unos subsidios, unas ayudas, porque
se consideraba que si alguien estaba
totalmente atenazado por la pobreza, no
digamos por la ignorancia y por la falta
de educación, no podía participar en la
vida ciudadana.
Hoy en nuestro mundo es ridículo seguir
hablando de ciudadanía cuando hay
personas que no tienen cubiertos ninguno
de sus mínimos vitales. Esas personas
están excluidas radicalmente de la
ciudadanía a pesar de que se haga la
digamos el el el la representación de
que son ciudadanos como los demás. Los
ciudadanos tienen que tener una base
mínima y yo creo que debería existir un
ingreso mínimo básico de ciudadanía
asegurado a cada ciudadano más allá de
que no como un subsidio, sino
simplemente como un punto de partida
para esa persona para entrar en la
sociedad. Más allá de que esa persona
trabaje mucho o poco o se dedique a
tareas más productivas o menos, debería
existir un mínimo vital asegurado que
formara parte de la ciudadanía, porque
sin eso, insisto, hablar de ciudadanos,
de ciudadanos que en el fondo se
desentienden de los demás, que dejan
caer o o perderse en el vacío a otros,
es es ridículo.
Vivimos en tiempos muy liberales en que
se habla mucho de la iniciativa
individual y de la iniciativa privada,
cosa que está muy bien, pero la riqueza
conseguida por medio de la iniciativa
individual o privada no deja de ser
social. También toda la riqueza es
social. unas evidentemente se puede
llegar a ella,
mejor de las situaciones, por medio de
una gran capacidad de trabajo o de una
iniciativa afortunada de la persona,
pero eso no quita la obligación social
de esa misma riqueza, porque sin el
resto de la sociedad, aunque sean más
tontos y aunque sean menos trabajadores,
esa persona no se hubiera hecho rica.
Por lo tanto, hay siempre una obligación
de conservar un cierto equilibrio entre
lo más alto y lo más bajo dentro de una
sociedad para que funcione el concepto
de ciudadanía. Si no, tampoco
funcionará. Como veis, estos son
principios en los que se mezcla los
valores éticos y los valores ciudadanos.
La la ética sirve para reflexionar
sobre esos valores de ciudadanía y para
intentar potenciarlos y para intentar
desarrollarlos al máximo. Y de ahí uno
de esos valores también importantes que
es la tolerancia. Pero, ¿qué quiere
decir? ¿Qué quiere decir la tolerancia?
Tolerancia no es el desinterés, no es la
idea de que a uno le dé absolutamente
igual lo que piensan los demás o de que
uno crea que todas las opiniones son
igualmente buenas. Porque una cosa es
ser tolerante y otra cosa es ser
imbécil. Es decir, quien piense que
todas las opiniones son igualmente, pues
es alguien. No es lo mismo tener un
espíritu amplio que un espíritu vacío,
¿verdad? Pero la tolerancia es la
disposición dentro de determinadas
pautas legales a soportar aquello que no
nos gusta.
Es decir, solo toleramos lo que no nos
gusta. Lo que nos gusta, evidentemente,
lo aprobamos, lo aceptamos y lo
practicamos. Hay cosas que no nos
gustan. Hay cosas en una sociedad plural
que nunca nos van a gustar. No a toda
persona tiene obligatoriamente que
parecerle bien todo. No a toda persona
tiene obligatoriamente que estar de
acuerdo con todas las formas de vida,
con todos los las disposiciones
sexuales, con todos los comportamientos
a su alrededor. No es obligatorio. Es
obligatorio el hecho de que comprenda el
valor que tiene esa diversidad, el valor
que tiene esa pluralidad. Esa es la
tolerancia es la reivindicación de ese
valor que no excluye el que uno pueda
hacer críticas a estas cosas. Una de las
más eh bobas y por lo tanto reiteradas
observaciones que oímos todos los días
es eso de todas las opiniones son
respetables. Menuda majadería. ¿Cómo van
a ser respetables todas las opiniones?
La opinión del que dice que dos y dos
son cinco no es lo mismo de respetable
que del que dice dos y dos son cuatro.
Es evidente que todas las personas son
respetables. Es decir, que a quien dice
que dos y dos son cinco, no se le puede
por ello torturar ni maltratar ni
encarcelar. Quizá no se le debe
recomendar para una cátedra de
matemáticas, pero por lo demás no se
puede tomar ninguna represalia, digamos,
contra esa persona. Las personas son las
que son respetables, no las opiniones.
En cierta medida uno, lo que nos debemos
unos a otros precisamente es decir lo
que pensamos de comportamientos, de
actitudes, de ideas. Y eso forma parte
de una sociedad plural. La tolerancia
es, sin embargo, no perseguir o
hostilizar o eh de alguna manera
marginar socialmente a quien cree algo
que a nosotros no nos gusta o nos parece
incómodo, ¿no? Naturalmente esto dentro
de un cierto límite. Es decir, se puede
ser tolerante con quien tiene una
religión distinta a la mía, pero no
siempre que esa religión incluya el
canibalismo y como una de variedad
gastronómica más. No
hay que una cosa, digamos, insisto, es
el el el ser tolerante y otra cosa es
saber los límites. La tolerancia, como
todos los valores sociales, tiene unos
límites para ser eficaz, para ser real.
La libertad de expresión es una cosa
maravillosa, pero sin un teatro lleno
como este alguien se levanta y por broma
grita fuego, fuego y causa una estampida
de gente que la que mueren cuatro o
cinco, pues no digamos le pediremos
responsabilidades a pesar de que el día
que él gritó eso en uso de su plena
libertad de expresión. Es decir, todo
tiene límites. Todos las libertades y
los valores para ser reales, para ser
reales en una sociedad real tienen unos
límites determinados, la tolerancia y
todo lo demás. Y sobre eso precisamente
es sobre lo que la ética aliada con la
ciudadanía debe reflexionar. Yo creo que
hay un campo eh importante y que no está
codificado. Es decir, a veces a los
profesores de ética, que quizá, en fin,
tenemos nosotros la culpa de ello, se
nos pide soluciones. ¿Qué dice la ética
de esto? No, no dice, "Mire usted, yo no
tengo el teléfono de la ética para
llamarla y preguntarle, oiga, ¿qué
piensa usted de esto?" No lo sé. Es
decir, la ética es algo que estamos
haciendo todos. Es decir, todos estamos
opinando y razonando sobre esa cuestión
y nadie es tiene una garantía de que sus
ideas sean inamoviblemente mejores que
la de los demás. Por lo tanto, aquí lo
que se abre es un debate, no hay un
catálogo de soluciones. Las cuestiones
van enredándose cada vez más. La
técnica, por ejemplo, avanza y cada
avance técnico en el campo de la
biología, en el campo de la genética, en
el campo, por supuesto, de otras eh
instrumentos eh o de audiovisuales,
armas, lo que sea, cada cada avance
técnico plantea nuevos problemas, nuevos
problemas eh eh morales, nuevos
problemas éticos inéditos que no
existían. Es decir, inútilmente
buscaremos en Aristóteles solución al
problema de la clonación humana. No se
lo planteó porque no estaba en su en su
campo de expectativas. Entonces, somos
nosotros. No podemos intentar de alguna
forma revivir a los grandes pensadores
para que solo piensen por nosotros.
Nadie piensa por los demás. El problema
es que el ciudadano no puede abandonar
sus decisiones en manos de otros. Todos,
desde el punto de vista de la
ciudadanía, todos somos políticos, todos
tenemos que tomar decisiones, todos
somos en cierta forma responsables de lo
bien o lo mal que va la sociedad en que
vivimos. Y desde el punto de vista
ético, nadie tampoco puede pensar por
otro. Nadie puede decir, "Yo hago esto
porque me han dicho que está bien y a mí
no me pregunte usted." No hay ley de
obediencia de vida en la en la ética. Es
decir, al contrario, hay la el único
deber que existe la ética es
precisamente la capacidad de criticar,
de examinar por uno mismo y de valorar,
aunque luego llegues a la conclusión de
que efectivamente la opinión mayoritaria
es la mejor, pero tienes primero que
haberla valorada por ti mismo. De modo
que este es el este yo creo que es la
perspectiva que tenemos cuando se dice
qué valores, qué eh nuevos h, qué nuevas
caminos se abren a la humanidad ante el
siglo XXI y estas. Bueno, no lo sé. No
lo sé porque no lo puedo saber, porque
no hay nadie que pueda decidir de
antemano al margen de los demás seres
humanos, al margen de la relación entre
unos seres humanos y otros, al margen de
la reflexión colectiva que se lleve a
cabo, qué por dónde, cómo vamos a
evolucionar. O sea, la ética y la
ciudadanía es, si se quiere, una escuela
de perplejidad, pero también es una
escuela de libertad, también es una
escuela de autonomía y debería, debería,
creo yo, serlo también de solidaridad.
Pero en fin, esto es lo que quería
exponerles. Como ven, son ideas que
probablemente ustedes ya conocen y que
yo lo único que he querido es que las
recordásemos ahora juntos. Y en
cualquier caso, pues les agradezco su
compañía y su atención.
[Aplausos]
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