04 Meditación: Principio y Fundamento I - P Pablo Rossi - Ejercicios Espirituales online 2026
FULL TRANSCRIPT
En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de
gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre,
Jesús. Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros. pecadores, ahora y
en la hora de nuestra muerte. Amén.
Ave María purísima, sin pecado
concebida.
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
San Ignacio de Loyola, ruega por
nosotros.
En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Bien, esta en estos primeros puntos de
estos ejercicios ignacianos
vamos a comenzar
eh con el principio y fundamento.
Del principio y fundamento veremos en
esta meditación la primera parte que
habla sobre la creación del hombre.
Bien. Como ustedes saben, después de
escuchar y ver estos puntos, ustedes
tienen que rezar,
hacer propiamente el ejercicio. Ahora
vemos los puntos de reflexión. El
ejercicio lo hacen ustedes después de
los puntos de reflexión rezando bien. En
ese ejercicio, en esa oración,
empiezan por la oración preparatoria.
Lo primero que hacen es la oración
preparatoria, que en el libro de los
ejercicios están en el número 46.
Ustedes tienen que pedir la gracia para
hacer todo
por amor de Dios,
eh, para servir a Dios
en su oración y en todas las cosas
con las palabras que nos enseña San
Ignacio en el número 46 de los
ejercicios.
Después tienen que hacer la composición
de lugar, imaginarse
un lugar, una situación en la cual
ustedes están.
Será aquí imaginarme verme delante de
Dios, de la Virgen y de todos los santos
que esperan que yo los ame.
Eh, esto es una imaginación, pero es una
realidad.
Dios, la Virgen y todos los santos
van a estar viendo como yo hago este
ejercicio
y esperan que el fruto de este ejercicio
sea que yo me decida
a amar a Dios
con todas mis fuerzas.
La petición,
la gracia
que quiero alcanzar en este ejercicio y
que yo le pido a Dios
es alcanzar el conocimiento interno,
profundo,
casi
experimental,
tener experiencia
de esto.
No, el conocimiento interno del fin para
el cual el hombre fue creado y fuerzas
para obrar en consecuencia.
Entonces, yo le tengo que pedir a Dios
en este ejercicio la gracia de
comprender el fin para el cual yo fui
creado, darme cuenta cuál es el sentido
de mi vida,
no algo meramente teórico, sino
realmente
vivir, sentir, percibir
eh
cuál es es el sentido de mi vida,
que es el motivo por el cual Dios me
creó.
Y después viendo que el sentido de mi
vida es ese, tener fuerza para trabajar
y conseguirlo.
Bien, vamos a los puntos de reflexión
que ustedes tienen que usar como materia
de meditación.
Bien, San Ignacio comienza sus
ejercicios
con algo que él llama principio y
fundamento.
Se trata este principio y fundamento de
una serie de verdades
que tienen una unidad lógica. No son
verdades po, no, no son verdades que se
van casi deduciendo matemáticamente una
de otras.
Se trata de una serie de verdades que
tienen una unidad lógica
y que nos enseñan estas verdades que
están en el principio y fundamento.
¿Cómo debe ser nuestra relación con Dios
y cómo debe ser nuestra relación con las
cosas creadas?
Veamos ahora la primera parte de este
principio y fundamento. Nosotros lo
vamos a dividir en tres tres partes. En
este video, en esta punto de reflexión,
en este ejercicio, vemos la primera. La
primera es esta. Dice San Ignacio, el
hombre es creado para alabar, hacer
reverencia y servir a Dios nuestro Señor
y mediante esto salvar su alma.
Son tres cosas las que vamos a ver que
están en el texto. Primero, que el
hombre es creado.
En segundo lugar,
que Dios creó al hombre para que el
hombre
alabe, haga reverencia y sirva a Dios
nuestro Señor.
Y en tercer lugar,
que mediante esto salvamos el alma.
Las tres cosas que vamos a ver.
En primer lugar, el hombre es creado.
Lo primero que dice San Ignacio es eso.
El hombre es creado y es interesante que
usa el tiempo presente. Es no dice el
hombre fue creado.
Y esto no me refiero solamente a que el
hombre fue creado, fue creado cuando
creó a Adán, ¿no? También, incluso en mi
caso, no es que yo fui creado cuando fui
concebido
eh eh en el seno de mi madre. No, no,
no.
El hombre es creado. Yo soy creado.
En este momento Dios me está creando.
Quiere decir que Dios nos está creando
en este momento. Eso es lo que quiere
decir la frase de San Ignacio. no solo
nos creó,
sino que con su creación
continua
nos conserva continuamente en el ser. La
creación es algo continuo, no es algo
pasado. Su creación continua.
Con su creación continua, Dios nos
conserva continuamente en el ser. Me
creó, sí, pero me está conservando, me
está creando en este momento.
Y de esto nosotros tenemos una cierta
percepción
de que Dios me está creando en este
momento. Tenemos una cierta percepción.
Y pongo este ejemplo.
Nosotros tenemos en ciertas ocasiones
una especie de percepción de esta
verdad, es decir, de la dependencia
absoluta y continua que tenemos de Dios
en todo momento.
Y un ejemplo es este. Cuando nos pasa
algo malo,
le preguntamos a Dios, ¿por qué? ¿Por
qué?
Tengo un dolor.
¿Por qué tengo un accidente? ¿Por qué
se muere un ser querido? Y le pregunto a
Dios, ¿por qué?
Bien, este preguntarle a Dios el por qué
permitió eso malo que nos pasó
nos muestra un reconocimiento de parte
nuestra
de que todo lo que nos pasa depende de
Dios.
Si yo tengo una enfermedad y le pregunto
a Dios, ¿por qué?
Es porque en el fondo reconozco
que dependo de Dios, que si Dios
quisiese esta enfermedad no la tendría,
que Dios me podría dar la salud.
Le pregunto a Dios, ¿por qué murió mi
mamá?
Eso quiere decir que yo reconozco que
Dios le estaba dando la vida
y que permitió su muerte.
Entonces, más allá de por qué Dios
permite los males, los lo vamos a ver
este
a lo largo de todos estos ejercicios,
vamos a comprender
como todo lo que nos pasa es en realidad
amor de Dios.
Pero más allá de explicar por qué eh
Dios permite nuestros males,
nuestros sufrimientos y nuestros
dolores,
lo que queremos resaltar en este momento
es que la pregunta que le hacemos a Dios
nos muestra que en el fondo
reconocemos
que dependemos totalmente de él.
Entonces, Dios me está dando la vida,
Dios me está dando la salud. Tanto es
así que si la pierdo le pregunto, ¿por
qué me la quitaste? ¿Por qué no la tengo
más?
Hm.
Bien.
Ahora, la pregunta que nos podemos
hacer, ¿y por qué
nos acordamos de que dependemos de Dios
en el momento que Dios
no nos da más
un regalo?
Por ejemplo, el regalo de la salud. En
algún momento nos quita ese regalo de la
salud, él sabrá por qué.
Eh, siempre es para nuestro bien, pero
él nos quita el regalo de la salud. Y
ahí nos acordamos de que Dios nos da la
salud, pero no nos acordamos que Dios
nos da la salud cuando la tenemos.
Eh, yo en este momento
Dios me está dando la vida, Dios me está
dando el ser, Dios me está dando la
salud, Dios me está dando la posibilidad
de hablar, Dios me está eh dando la
posibilidad de hacer el bien. Son todas
regalos que él me da continuamente.
Dios me está creando.
Por eso tenemos que dar gracias. Si
admitimos entonces que lo que nos pasa
depende de Dios, tenemos que reconocer
que Dios nos está dando continuamente la
vida,
que absolutamente todo lo que tenemos es
gracia de Dios. Todo, todo, todo, todo,
todo lo que tenemos es gracia de Dios.
que Dios nos está creando en todo
momento.
Si la vida nos las diésemos nosotros, no
moriríamos nunca.
El hecho de que muramos quiere decir de
que la vida es un regalo que Dios nos
está dando en todo momento. Bien, Dios
me crea, Dios me está creando.
Una otra cosa que tenemos que
reflexionar o que podemos reflexionar
con esto de la creación,
que el hombre es creado,
es que Dios no depende de nosotros.
y que por ende, si Dios no depende para
nada de mí y me crea, ¿por qué me crea?
Si Dios de mí no saca ningún beneficio,
¿por qué me crea? Evidentemente que por
amor. Entonces, tenemos que ver en esta
creación continua de Dios que me está
continuamente creando,
un continuo manifestar su amor por mí.
Bien, Dios no depende de nosotros, eso
es superevidente,
porque saben por qué yo sé que Dios no
depende de mí. Porque de Dios me olvido
tantas veces.
Entonces, si yo me olvido de Dios tantas
veces y sin embargo, Dios es Dios, es
señal de que Dios no depende de mí.
Pero Dios no se olvida de mí porque yo
dependo de él.
Entonces, yo dependo totalmente de Dios.
Me está creando en todo momento. En todo
momento me está dando la vida, pero Dios
de mí no depende para nada.
Entonces, ¿por qué nos crea si no
depende de mí para nada? La única
respuesta posible es que nos crea solo
pura y exclusivamente por amor.
Pero si Dios nos crea solo por amor,
es señal que todo lo que sucede es para
mi bien,
porque Dios me está creando
continuamente. Lo hace por amor.
Evidentemente todo lo que me pasa es
para mi bien. Y cuando tengo una
enfermedad y bueno, es para mi bien,
hay veces que yo no lo sé.
Así como un médico hay veces que te da
una medicina que es fea o dolorosa y vos
no sabes bien para qué sirve, pero él
sabe y es para tu bien. Así eh las cosas
que Dios nos da son siempre para el bien
de nuestra alma y a veces me da la salud
para el bien de mi cuerpo
y para el bien de mi alma. Y a veces me
da la enfermedad, pero también para el
bien de mi alma siempre. ¿Por qué?
Porque Dios me crea y me crea por amor.
Entonces, todo lo que él está causando
en mi vida
es signo del amor que él me tiene. Bien,
todo esto tenemos que reflexionar cuando
reflexionamos de que somos creados.
San Ignacio dice que somos creados para
alabar, hacer reverencia y servir a Dios
nuestro Señor.
Dios nos pide esto,
alabarlo, hacerle reverencia y servirlo.
Y muchas personas cometen un error
cuando aprenden que Dios nos pide
cosas,
que lo alabemos, que le hagamos
reverencia,
que lo sirvamos, que lo obedezcamos, que
cumplamos lo que él nos manda, los
mandamientos.
Pero atención,
eh,
en este pedido
debemos ver un acto de amor
de Dios.
Él me crea, no me necesita.
Él me crea, no depende de mí.
Entonces, si él me crea y me pide que yo
lo sirva,
en realidad no es porque él necesita de
ese servicio.
No depende de mí. Me pide que yo lo
sirva,
porque el que yo lo sirva me hace bien a
mí.
En realidad, Dios lo hace para nuestro
bien. Nos pide que lo alabemos, que le
hagamos reverencia y que lo sirvamos,
pero para nuestro bien,
no porque él lo necesite
y lo deja nuestra libertad.
¿Puedo yo no servirlo? ¿Puedo yo no
alabarlo?
¿Puedo yo no hacerle reverencia?
No me importa Dios, lo puedo rechazar.
Evidentemente después me tengo que hacer
responsable de las consecuencias, porque
si Dios me crea para alabarlo y alabarlo
me hace bien, evidentemente que si no lo
alabo, eso me va a hacer mal.
Y entonces, si yo elijo no alabarlo,
tengo que después asumir las
consecuencias del mal que se sigue.
Lo deja en mi libertad,
porque no se puede alabar si no se alaba
libremente,
porque no se puede servir de verdad si
no se sirve libremente. Y entonces lo
deja en mi libertad, me pide que yo lo
alabe, que le haga reverencia y que le
sirva para mi bien.
Lo deja en mi libertad porque es el
único modo de servir de verdad
auténticamente.
Y como depende de mi libertad, yo lo
puedo rechazar,
pero si lo rechazo me hace mal, porque
aceptarlo me hace bien. Bien. Si
rechazarlo me hace mal y yo lo rechazo,
asumo yo las consecuencias.
Dios lo hace todo para nuestro bien. Y
pongamos un ejemplo, el ejemplo, yo
pongo mi ejemplo, que es el ejemplo de
mi papá. Cuando yo era chico, mi papá me
llevaba a todas partes.
Mamá se quedaba en casa preparando las
cosas. Mi papá trabajaba todos los días,
de lunes a a viernes, todos los días. El
sábado a la mañana estaba en casa
y entonces eh eh el sábado comíamos más
lindo al mediodía y entonces mi mamá se
quedaba en la casa preparando todas las
cosas y con mi papá íbamos a hacer las
compras, a hacer las compras de la
comida, de las cosas que necesitábamos
para casa.
También el sábado lo aprovechaba para
arreglar alguna cosa que en la casa se
había roto, arreglaba mi papá un
enchufe, por ejemplo, o algo, ¿no? Y yo
le pasaba las herramientas y aprendía a
arreglar las cosas y en esas caminatas a
comprar y en esas cosas que arreglábamos
hablábamos mucho.
Conversaciones de nene. Yo era un nene.
Mi papá necesitaba mi ayuda.
Claro que no.
Si la necesitaba era solo para amarme,
para tenerme cerca y enseñarme,
para tenerme cerca y hablarme y hacerme
el bien.
Así es Dios con nosotros.
Si nos pide que lo sirvamos, si nos pide
que cumplamos sus mandamientos, es para
nuestro bien,
para poder hacernos más bien todavía,
porque todo bien viene siempre de Dios.
Bien, entonces Dios me crea para amarlo,
¿no? Y amar a Dios es alabarlo, hacerle
reverencia y servir.
Eh, Dios me crea para estar con él, para
estar unido a él,
eh, porque la unión con él me hace bien
y evidentemente la unión con él es
mediante el amor
porque es un ser espiritual.
Y los seres espirituales se unen,
no físicamente como las sardinas en una
lata, sino que se unen espiritualmente
por el amor y es una unión mucho más
profunda. Y así quiere Dios que yo esté
unido a él por mi bien, porque él no me
necesita y entonces quiere mi amor,
desea mi amor, pero por mi bien. ¿Y cómo
es mi amor por Dios?
alabándolo,
haciéndole reverencia y servirlo. Lo
explicamos rápidamente. Uno ama cuando
trabaja por el bien del otro
o se alegra por el bien del otro. Si el
otro ya tiene el bien y uno no necesita
trabajar por el bien del otro, uno si
ama, se alegra
o se entristece por el mal del otro,
¿no? Si uno no puede trabajar por el
bien del otro y no puede conseguir que
el otro tenga el bien y el otro tiene el
mal, se entristece. Hm.
Si mi mamá está enferma, yo trabajo por
su salud porque la amo. Y si está sana,
me alegro. Y si no puedo hacer nada por
su salud, me entristezco.
Entonces, el amor significa eso,
trabajar por el bien del otro, alegrarse
por el bien del otro, entristecerse por
el mal del otro. Y si yo necesito para
mi bien estar unido a Dios y entonces
necesito para mi bien amarlo y por eso
Dios me lo pide, amarlo es trabajar por
el bien de Dios.
alegrarme del bien de Dios,
entristecerme del mal.
Entonces, me tengo es verdad que yo por
el bien de Dios no puedo hacer nada
porque Dios es un bien, pero
sí me puedo alegrar por su bien y puedo
trabajar no por el bien de él, pero sí
para que se cumpla su plan, el plan que
él tiene por el mundo.
Entonces, vayamos así por parte. Amo a
Dios, me alegro por su bien. Y esta
alegría que tengo por el bien de Dios se
exterioriza. ¿Cómo se exterioriza?
Alabándolo y haciéndole reverencia.
Esto alabar y hacerle reverencia se vive
en la oración litúrgica, se vive en la
oración personal.
Este, alabar y hacer reverencia a Dios e
se vive en el recuerdo frecuente de Dios
durante la jornada,
en el ofrecerle las cosas que hago. Por
ejemplo, voy a trabajar, estudio, leo,
hablo con una persona, lo recuerdo a
Dios, ¿no? Y se lo le ofrezco eso que
estoy haciendo,
aceptando sus disposiciones.
Hm. las más simples. Eh, iba a tomar el
colectivo para ir al trabajo y lo perdí.
En vez de enojarme, hago el acto de
paciencia y lo acepto.
Me alegro por lo que Dios va
disponiendo, porque lo amo y entonces me
alegro
de lo que él dispone.
Y también puedo servir a Dios. A pesar
de que Dios no me necesita, también lo
puedo servir. Lo hago particularmente
cuando trabajo para el cumplimiento de
su plan de redención, es decir, cuando
me esfuerzo por la conversión de los
pecadores, cuando trabajo para que Dios
sea conocido y amado y alabado por los
otros, cuando le hago el bien al
prójimo, que el mismo Dios ama y
entonces yo hago lo que a él le gusta,
lo sirvo y alabo cuando cumplo lo que él
me pide, Cuando obedezco sus
mandamientos, cuando me esfuerzo en
seguir los ejemplos de Jesús y vivir el
espíritu de las bienaventuranzas.
En definitiva, amar a Dios es unirme a
él y esta unión se da cuando lo alabo,
cuando le hago reverencia y cuando lo
sirvo.
Bien.
Estaba
viendo el tiempo que nos falta.
Bien. Y este amarlo es con el 100% de
nuestras fuerzas.
H este propósito
de amar a Dios, alabar, hacer reverencia
y servirlo, hay que hacerlo con el 100%
de nuestras fuerzas.
Eh,
si yo no amo a Dios con el 100% de mi
fuerza, supongamos que yo no amo a Dios
para nada. No lo alabo, no lo sirvo.
Tampoco es que diga que lo odio, no me
olvido de él totalmente y es como si no
existiese. No lo alabo, no lo sirvo, no
le hago reverencia, no lo amo. Bien, mi
vida pasa a no tener sentido
porque mi vida fue creada para eso y en
eso alcanza el bien. Imagínense un
edificio que fue construido, se gastaron
miles y miles y millones de dólares, se
hizo toda la estructura,
se empezó a hacer alguna pared, se
acabó,
no se terminó,
no llegó a su fin.
Todo lo que se gastó en eso no tiene
sentido, es inútil.
Así es mi vida.
Cuando no alabo, hago reverencia y sirvo
a Dios, porque mi vida es para eso. Así
como el edificio es para ser habitado. Y
si no se termina y está abandonado, todo
lo que se puso ahí es inútil. Mi vida es
inútil si no cumple con ese fin. Alabar,
hacer reverencia y servir a Dios nuestro
Señor. Y si lo hago mitad y mitad,
bueno, estoy tirando la mitad de mi
vida.
Todo lo que no use para alabar, hacer
reverencia y servir a Dios nuestro
Señor, no sirve para nada porque mi vida
tiene ese sentido.
Entonces, si es algo que hay que hacerlo
con todas mis fuerzas, ese es el punto,
con el 100%, porque si uso la mitad,
estoy tirando la otra mitad. Y además si
uso la mitad,
eh,
no sé si estoy usando la mitad.
Porque si yo amo mitad a Dios, mitad de
mi amor va por Dios y mitad de mi amor
va por el celular.
¿Qué? Yo amo a Dios igual que al
celular. Eso no es amar a Dios. Y
entonces si yo amo mitad y mitad a Dios
y al celular, a Dios lo está amando
cero.
Porque no es amar a Dios compararlo con
un celular. No saben qué, amo 90% a Dios
y 10% del celular. Igual eso es cero,
porque no puedo decir que Dios es nueve
veces más grande que un celular.
A Dios hay que amarlo con el 100%
y entonces toda mi vida
tiene que ser usada para alabar, hacer
reverencia y servir a Dios nuestro
Señor.
Y entonces yo me tengo que ingeniar para
que en cada cosa que hago eso sea una
alabanza y un servicio de Dios.
Hay que amarlo
como el dice el primer mandamiento, con
todo el corazón, con toda el alma, con
toda la mente y con todas las fuerzas.
Bien, las consecuencias
de este amar a Dios es salvar el alma.
¿Por qué? Porque si yo estoy unido a
Dios, unido a Dios, unido a Dios toda la
vida, cuando me muero, sigo unido a Dios
y voy al cielo.
En cambio, si yo no amo a Dios, estoy
alejado de Dios, rechazo en el fondo a
Dios,
cuando me muero, que voy a vivir unido a
Dios, sigo rechazándolo.
Sigo rechazándolo. Sigo en ese estado
espiritual.
Este, si yo no amo a Dios, me muero. Y
que ya está una vez después en la otra
vida. No hay cambio
de propósitos,
no hay arrepentimiento.
La voluntad se fija, el tiempo del
cambio es este, ¿no? Eh, y entonces si
yo me muero sin amar a Dios en la otra
vida, no voy a amar a Dios. Y
evidentemente no voy a poder estar en el
cielo si no amo a Dios. Es absurdo
pensar que en el cielo hay alguien que
dice, "Uy, yo entré acá." Pero en
realidad no amo a Dios. Porque eh el
cielo, la esencia del cielo está unido a
Dios. Y la unión con Dios es con el
amor, porque son seres espirituales.
Entonces, es contradictorio que alguien
que no ame a Dios está en el cielo.
Entonces, si yo no amo a Dios, la
consecuencia es que no puedo estar en el
cielo. En cambio, si yo amo a Dios, es
decir, lo alabo, hago reverencia y lo
sirvo, la consecuencia es que voy a
estar en el cielo. Por eso, la
consecuencia
de todo este amor por Dios, que es
alabar, hacer reverencia y servirlo,
es salvar el alma.
Bien, en resumen,
vamos al resumen por razón de tiempo.
Dios me crea para mi bien. Me pide que
lo ame para mi bien. Si acepto el don de
Dios y cumplo con su voluntad, lo sirvo,
lo alabo, le hago reverencia.
y salvaré mi alma. Pero si rechazo a
Dios en esta vida, viviré en la otra
vida en una situación de rechazo de
Dios.
¿Qué tenemos que hacer? Simplemente amar
al que nos ama,
porque todo el don de Dios es signo de
su amor. Tenemos que amar al que nos ama
y dejarnos convencer por el amor de Dios
y dedicar nuestra vida a alabarlo, hacer
reverencia y servir.
Las preguntas que yo me debo hacer en
este ejercicio, en esta oración, son
estas.
Soy consciente de que toda mi vida
depende de Dios, de que me está creando
continuamente.
Esa conciencia es frecuente a lo largo
del día
o solo muy rara vez, una vez por mes
pienso en eso.
Busco amar a Dios con todas mis fuerzas
para cumplir el sentido de mi vida.
Busco en todas las cosas que hago
servirlo, alabarlo, hacerle reverencia
y hacer un examen
de conciencia.
En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
UNLOCK MORE
Sign up free to access premium features
INTERACTIVE VIEWER
Watch the video with synced subtitles, adjustable overlay, and full playback control.
AI SUMMARY
Get an instant AI-generated summary of the video content, key points, and takeaways.
TRANSLATE
Translate the transcript to 100+ languages with one click. Download in any format.
MIND MAP
Visualize the transcript as an interactive mind map. Understand structure at a glance.
CHAT WITH TRANSCRIPT
Ask questions about the video content. Get answers powered by AI directly from the transcript.
GET MORE FROM YOUR TRANSCRIPTS
Sign up for free and unlock interactive viewer, AI summaries, translations, mind maps, and more. No credit card required.