10 Meditación: Pecados Propios- P Joaquín Vicente - Ejercicios Espirituales online 2026
FULL TRANSCRIPT
Santa María, madre de Dios, ruega por
nosotros pecadores, ahora y en la hora
de nuestra muerte. Amén. Gloria al
Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como
era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. San
Ignacio de Olora, ruega por nosotros. En
nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu
Santo.
En esta primera semana de los
ejercicios, San Ignacio quiere que
meditemos ahora sobre el pecado, pero no
ya en otros pecadores como la meditación
de tres pecados, sino en nuestra propia
conciencia personal.
quiere que recordemos y consideremos los
pecados que hemos cometido durante toda
la vida para poder concebir crecido e
intenso dolor y lágrimas de mis pecados,
que es la petición y fruto de este
ejercicio.
Es permitir que la voz de Dios penetre y
desgarre el corazón humano y le descubra
el abismo de su miseria, el inmenso
vacío interior que nadie ni nada es
capaz de llenar sino solo él.
Es un crecido e intenso dolor teológico
que termina en las lágrimas que son como
sangre del alma, doliéndose de haber
ofendido a Dios. Y esta es una gracia
que tiene que acompañarnos toda nuestra
vida espiritual, la conciencia de
nuestra propia miseria y y sobre todo
cuando se aparta de Dios.
Es tristeza, sin duda, causada por el
recuerdo de las faltas pasadas, pero
tristeza que tiene a su vez un efecto de
penitencia saludable. Como decíamos,
debe ser actitud habitual del alma,
efecto del temor de Dios, causa de la
renuncia, es decir, desnudez, desprecio
de toda riqueza.
Es un sentimiento por la salvación
perdida y que este sentimiento debe ser
perpetuo porque es perpetuad trabajar en
la propia salvación.
El espíritu que tiene que nutrir esta
meditación tiene que ser de una humildad
confiada que la hemos ido obteniendo en
esta primera semana. Y su fruto en esta
meditación es una profundísima
compunción del corazón que nos lleve a
una auténtica conversión de la voluntad.
Dice el padreado,
vamos a esta meditación con vergüenza y
confusión, que es el fruto que pedíamos
en el ejercicio anterior, pero
transfigurada por el amor de Jesús, que
ha ofrecido por nosotros el rescate del
infierno y nos ha aceptado en su amor.
Por eso San Ignacio la meditación pasada
y esta también es conveniente, nos hacía
hacer el coloquio con Cristo delante
puesto en cruz. ¿Quién es que nos ha
salvado del pecado?
Este valle hondo y oscuro de nuestro
destierro, dice el Padre Santo, losado,
está muy cerca de la montaña del
Calvario, donde Jesús muere por mis
pecados. Ahora tenemos ya juicio exacto
del pecado, pero no me espantará porque
sabemos de antemano que estamos
perdonados.
Por eso meditar en los propios pecados,
pero con un espíritu de confianza en la
misericordia de Jesús. Dice Santa
Faustina escribiendo en su diario, "Hoy
escuché en el alma una voz. Oh, si los
pecadores conocieran mi misericordia, no
perecería un número tan grande de ellos.
Diles a las almas pecadoras que no
tengan miedo de acercarse a mí. Habla de
mi gran misericordia.
El Señor me ha dicho, "La pérdida de
cada alma me sumerge en una tristeza
mortal.
Tú siempre me consuelas cuando rezas por
los pecadores. Tu oración que más me
agrada es la oración por la conversión
de los pecadores. Haz de saber, hija
mía, que esta oración es siempre
escuchada.
Hasta ahí el diario de Santa Faustina.
Para hacer la meditación propiamente
hacemos los típicos pasos y preámbulos.
del primero, por supuesto, la oración
preparatoria después de haberse puesto
en presencia de Dios, de traer la
historia que va a dar los puntos San
Ignacio y sobre todo esa misma
composición del hogar de los pecados.
Podemos aprovechar todavía aquella
imagen de el cuerpo y alma, todo el
compuesto del hombre desterrado entre
brutos animales en ese valle oscuro de
mis pecados que está cerca igual de la
montaña del calvario.
Y para lograr el fruto que es este
crecido e intenso dolor y lágrimas de
mis pecados, a Ignacio pone varios
puntos que podemos ir recorriendo uno a
uno o quizás detenernos más en uno que
en otro según los frutos que queramos y
veamos que alcanzamos.
El primero es el primer punto para ir
meditando y lograr este fruto es el
proceso de los pecados.
Dice, "Proceso de los pecados a saber
saber la memoria todos los pecados de mi
vida.
proceso, incluso en ese sentido judicial
de de que me hago un proceso a mí mismo
como buscando eh descubrir mis faltas,
como procesándome, juiciándome. Pero no
ante el juez, dice Casanovas, comentador
de los ejercicios, sino ante el
Redentor,
proceso que me hago voluntariamente para
confundirme y avergonzarme.
Mientras más pecados, más crecerá la
vergüenza. la confusión y el amor,
recoger y amontanar al pie de la cruz
todos mis pecados, ponderando el sentido
o aspecto teológico de los mismos, como
dice el salmo 50, contra ti, contra ti
solo pequé.
Se trata de recorrer la vida recordando
lugar, casa que he habitado, la
conversación que he tenido con otras
personas, los oficio, recordar mi vida
por etapas o mi vida en cuanto a
relación con tal o cual persona, en qué
fallado ahí, en los hospicios, que he
ocupado. Se trata de una, por decirlo
así, visión panorámica de los pecados,
pero
de poder englobarlos a todos, ¿no?
fijándose en cada circunstancia, en los
detalles, que eso incluso puede hacernos
daño, sobre todo en en la miseria y
malicia de de haber pecado y de cada
pecado.
El segundo punto que pone San Ignacio es
tomar conciencia de estos pecados que
vamos recorriendo o al menos de de
algunos pecados que pueda recordar y
dolerme, tomar conciencia de su maldad y
malicia
con el término propio que usa de
ponderar como de tomar el peso, de
finalmente caer en la cuenta como nunca
antes lo terrible de la maldad y malicia
del pecado, de cada pecado, de un solo
pecado.
Dice, "Ponderá los pecados mirando la
frialdad y malicia que cada pecado
mortal tiene en sí, aún cuando no fuese
vedado." Es decir, no importa si está
prohibido o no pecar, si es algo vedado,
no permitido, incluso si eso fuese
permitido el pecado. Aún así, mirar su
fialdad y malicia más allá de si está
vedado o no, aunque no fuese vedado,
aunque no tuviésemos prohibido pecar.
Fealdad, es decir, una disconformidad
con la recta razón. Lo bello es lo que
es proporcionado, armónico, que tiene
rectitud, orden. Entonces, lo feo, lo
contrario, es lo que es disconforme con
la armonía, el orden, con la recta
razón. La malicia es aquella depravación
en la voluntad que se complace en esa
fialdad.
Dice el catecismo, a los ojos de la fe,
ningún mal es más grave que el pecado y
nada tiene peores consecuencias para los
pecadores mismos, para la iglesia y para
el mundo entero. La fealdad, lo grave de
las consecuencias de este mal que del
cual no hay ninguno mayor, que es el
pecado. Y más sentido ocurre el pecado,
si para ponderarlo, como dice San
Ignacio, recurrimos a la pasión de
Cristo, como ya nos hizo hacer desde la
meditación anterior. Cada pecado
crucifica al Señor. Dice San Juan Pablo
Segundo, "La revelación del misterio de
la redención abre el camino a una
comprensión en la que cada pecado
realizado en cualquier lugar y momento
hace referencia a la cruz de Cristo
y por tanto indirectamente también al
pecado de quienes no han creído en él,
condenando a Jesucristo a la muerte de
cruz."
Está indicando San Juan Pablo Segund que
cualquier pecado en cualquier lugar o
momento hace referencia no solo a la
cruz en que decir que ha crucificado
causa de la crucifixión, sino que
incluso nos asocia aunque sea
indirectamente al pecado de quienes no
han creído en él, enviándolo a la muerte
de cruz.
Ponderarlo, poner en la balanza cada
pecado y lo que cada pecado significa.
Y para esto nos es muy útil las
advertencias que da el mismo Señor
Jesucristo en visión a Santa Catarina de
Siena. Ella le decía, él decía a ella,
"No es que yo quiera que los pecados
sean considerados detalladamente, sino
de un modo general, como decíamos,
porque la mente no se contamine con el
recuerdo de pecados concretos y torpes.
no debe considerar únicamente sus
pecados, sino considerar y acordarse de
la sangre y de la grandeza de mi
misericordia para que no caiga en la
confusión. siempre está incluso desde el
primer momento como terón de fondo o
como una red de seguridad, digamos, la
el recuerdo de la misericordia de Dios,
el recuerdo de la cruz en cuanto que es
instrumento de salvación para no caer en
una confusión mala de de malas
consecuencias.
En efecto, dice nuestro Señor a Santa
Catalina, si el conocimiento de sí mismo
y la consideración del pecado no van
sazonados con el recuerdo de la sangre y
la esperanza de la misericordia, caería
en la confusión y el desas ciego, y con
ellos acudiría el demonio para llevarla
bajo color de contrición y dolor de la
culpa y disgusto del pecado, a la
condenación eterna. No encontrando ya
apoyo en el brazo de misericordia,
caería en la desesperación. Por eso no
tanto entrar en detalles y jamás
olvidarse de que, y por eso meditamos
ahora en este tiempo de misericordia que
nuestra vida en este mundo, jamás
olvidarse del ofrecimiento de
misericordia que nos extiende el Señor.
En tercer lugar, Sina nos pone un punto
que sirve para compararme y poder
ubicarme yo, pecador, en medio de toda
la realidad y en medio de incluido Dios.
¿Quién es el el que peca? compararme,
mirar quién soy yo, disminuyéndome por
ejemplos. Primero, pensar, imaginarme,
caer en la cuenta, quién soy yo en
comparación de todos los hombres, de
todos los hombres que han existido desde
el principio de la humanidad y que
existen a que existirán esos millones de
millones. ¿Quién soy yo? En lo largo de
esa historia que abarca miles de años,
¿quién soy yo?
Ese se atrevió a pecar. Uno entre tantos
millones, un instante entre tantísimos
años. Ese se atrevió a aplicar.
¿Qué cosas son los hombres en
comparación de todos los ángeles y
santos del paraíso? Un número más
inabarcable todavía y no solo en un tema
numérico, cuantitativo, sino también
cualitativo,
que soy yo. Entonces, no solo ínfimo en
número, ya incluyendo los ángeles y
santos, sino también eso en cualidad, en
verdadero amor y unión a Dios.
Los ángeles, dice Santo Tomás de Aquino,
son incomparablemente más en número que
todos los hombres, porque así Dios hace
en orden toda la creación y para
manifestar mejor su perfección ha creado
el mayor número las criaturas más
perfectas.
En tercer lugar, mirar que soy, que es
todo lo creado en comparación de Dios.
Pues yo solo, ¿qué puedo hacer? Ahí
pones a Ignacio la pregunta para la
reflexión en todo esto. Yo solo, ¿qué
puedo ser?
Mirar toda mi corrupción y fialdad corpo
como cargando las cintas y acentuando el
contraste o lo ínfimo que quedo en medio
de de tanta armonía, orden y belleza.
¿Qué soy yo? En vez de belleza soy
corrupción.
Soy organismo de de de corrupción, de
fealdad.
Mirarme como incluso dice con con líneas
realmente más más extremas como una
llaga y postema de donde han salido
tantos pecados y tantas maldades y
ponsoña tan torpe. ¿Dónde ha salido?
Imaginarme yo como una posición
particular para este momento de recordar
los pecados. Yo de repente imaginarme en
medio de este organismo de la creación y
de la cual Dios es cabeza en este
organismo. Yo soy una llaga.
un postema es una llaga que que que
Jesús jura, donde salen venenos,
maldades, pecados.
Representa muy gráficamente San Ignacio,
¿quién es este que se atreve a ofender a
Dios, quién es en cantidad y en calidad?
El punto cuatro es ya traer una
comparación con Dios, contra quién yo
pequé. Considerar, dice, quién es Dios,
contra quién he pecado, según sus
atributos,
comparándolos a sus contrarios en mí. Su
sabiduría con mi ignorancia, su
omnipotencia con mi fraqueza, su
justicia con mi iniquidad, su bondad con
mi malicia.
El aspecto teológico del pecado. Ofendí
a Dios mismo. Contra ti, contra ti solo
pequé. que prestíamos con el salmo 50,
como dice también el hijo pródigo en
Lucas 15, "Padre, he pecado contra el
cielo y contra ti. Lo propio del pecado
es la aversión a Dios."
Dice San Juan Pablo Segundo, "No es
posible comprender el mal del pecado en
toda su realidad dolorosa sin sontear
las profundidades de Dios."
Eso es lo que quiere provocar Jaencio en
este punto, intentar abarcar algo,
sondear en la medida nuestras pocas
posibilidades, ayudados con la gracia,
abarcar y sondear las profundidades de
Dios para que el contraste conmigo, eso
sea lo que haga brotar la impresión de
ese contraste, sea lo que haga brotar
las lágrimas, el dolor. Dice Casanovas,
"Este punto es altísimo y muy apto para
la contemplación larga y reposada.
Es aquel, conózcate a ti, conózcame a
mí, de San Agustín, aplicado pecado. El
contraste es lo que más ilumina e
impresiona, pero a condición de que se
conozcan bien los extremos
contrapuestos,
se tiene que conocer bien los extremos
para que impresionen.
De nuestra miseria tenemos pruebas
palpables.
Basta recordar lo que hicimos ya en el
primer punto. Se evidenta nuestra
miseria, pero de Dios, ¿qué concepto nos
podemos formar de esos atributos si no
viene la luz divina a iluminarnos? Por
eso pedirla, pedir humildemente que Dios
nos ilumine para entender algo de la
gravedad de nuestros pecados en su
fialdad y malicia.
Dios escucha al pecador que llega a la
presencia de su padre como el pródigo y
se postra delante de él para llorar y
hacer penitencia.
Una vez pues hayamos pedido esta luz del
cielo, pongámonos delante de la Divina
Majestad y tomemos uno de sus atributos.
Repitámoslo muchas veces con espíritu de
verdadera devoción, contraponiendo a él
nuestra miseria, haciéndolo, por
ejemplo, de la siguiente manera. Y por
un ejemplo, casa, ¿no?
Vos sois, oh Dios, oh Dios mío, la
infinita sabiduría y yo la suma
ignorancia. Pero esta suma ignorancia se
ha alzado contra la infinita sabiduría y
la ha menospreciado, pisoteado e
injuriado.
Por vuestra sabiduría infinita, tened
misericordia de mí y perdonadme mis
pecados, pues me pesa de haberos
ofendido.
Caletanía dice, digámosla con reposo,
detendiéndonos en cada palabra, tanto
como pida nuestra devoción y repitámosla
y recorramos todos los atributos y
perfecciones divinas con traspuestas a
nuestras miserias.
los que recomienda y tiene mucho fruto
hacer así este punto.
Y finalmente el punto quinto dice,
exclamación admirativa. Admirarme con
crecido afecto pensando por todas las
criaturas, cómo me han dejado en vida y
conservado en ella. Los ángeles en
instrumento de la justicia divina me han
soportado, protegido y rogado por mí.
Los santos, cómo han actuado
intercediendo y rogando por mí, y los
cielos, sol, luna, estrellas y
elementos, frutos, aves, peces y
animales, y la tierra misma, cómo no se
ha abierto para absorberme, creando
nuevos infiernos para siempre penar en
ellos. ¿Cómo sigo con vida?
Dice el padre Casanovas que este viaje
recorriendo las criaturas, si no se hace
mecánicamente, sino con devoción, irá
intensificando el dolor, pero también
creará en nuestras almas un gran
sentimiento de humildad para aceptar
todas las cosas amargas de la vida como
fruto natural del pecado.
Siempre que nos airamos o quejamos o
enojamos de las contrariedades de la
vida, nos olvidamos este punto que pone
San Ignacio y que somos pecadores y que
de alguna manera cada criatura siendo
instrumento de Dios tiene como un
derecho contra nosotros, pero que por
misericordia de Dios no se ejecuta.
Es una pequeña expiación en comparación
de las penas que mereceríamos, penas que
tendrían que llover sobre nosotros, pero
que Dios en su misericordia frena.
Y así aprovechar cualquiera de estos
puntos haciendo un coloquio. San Ignacio
le pone un título propio al coloquio de
este punto, del punto de los pecados y
le llama coloquio de misericordia. Por
aqu lo que ya explicamos que debe estar
siempre presente la conciencia de la
misericordia es palpable porque a pesar
de tantos pecados nos conserva en vida.
Y razonando, dice él, dando gracias a
Dios nuestro Señor porque me ha dado
vida hasta ahora, proponiendo enmendarme
con su gracia en adelante. Mucho acento
entonces en el dolor, no tanto detalle
en los pecados, en las circunstancias.
Vale la pena mencionar y extenderse un
poco más en aquello que pone San Ignacio
en la en una repetición de este punto de
los pecados, de este ejercicio,
porque más adelante recomienda San
Ignacio hacer lo que él llama un triple
coloquio, es decir, meditando en todo
este tema de los pecados
para con más fuerza pedir apartarme de
ellos, pedirlo a tres personas
para que vayan intercediendo por mí y me
ayuden. Pedirle a la Virgen que me
alcance de Dios, pedir a Jesucristo que
me alcance de Dios y pedirle a Dios
mismo, Padre todopoderoso, que me
alcance las gracias que necesito, sobre
todo en este punto de los ejercicios.
¿Y cuáles gracias? Son tres gracias que
vamos pidiendo y es importante
entenderlas porque esa Ignacio nos hace
pedir en este posible triple coloquio
que podríamos hacer y es muy
recomendable. ¿Por qué ir pidiendo estas
tres gracias? ¿Por qué tan importante?
Comenzando por la Virgen, siguiendo por
Jesucristo y finalmente con el Padre
Celestial.
Se piden tres cosas.
Una primera gracia que coincide con el
fruto de este ejercicio, que sienta
interno conocimiento de mis pecados y
aborrecimiento de ellos.
Para destruir el deseo de pecar no basta
con entender lo que es el pecado, sino
es necesario aburrecer.
Aquí no es una simple expresión
negativa, sino es un una palabra con un
significado preciso. Significa destruir
la afección.
destruir la afección al pecado no es
simplemente un rechazo general o un
deseo de que no se vuelva repetir, sino
que se destruya cualquier inclinación de
nuestra voluntad y de nuestros afectos
al pecado. Porque si continúa esa
afección, si continúa ese mal hábito,
nos va a doblegar la voluntad tarde o
temprano.
pecados pasados y actuales, mortales,
veñales, la gracia esta de un
conocimiento interno, de entender a
fondo su malicia y deformidad con un
crecido dolor que me alcance tanto a
esto, a aborrecer, a destruir,
que se nos haga repulsivo con una
tendencia hasta natural a no querer
saber más nada con el pecado.
Consecuencia de esta primera gracia es
verse pecador en todas las
circunstancias de la vida. No soy aquel
que Dios creó al principio, santo, lleno
de gracias, como es la humanidad,
digamos. Todo esto lo he perdido, soy
pecador, librado del infierno por pura
perilección de Jesucristo y a quien las
criaturas aguantan a duras penas sin
aniquilarlo, solamente porque lo manda
la infinita misericordia de Dios. Cuando
Adán cometió el pecado original, nos
dice el Génesis que huyó de su
presencia. Entonces el Señor le dirige
una significativa y emblemática
pregunta, ¿dónde estás?
El Señor llamó a Dan y le dijo, "¿Dónde
estás?" Y comenta Strobinger, "Ese,
¿dónde estás?" No es una simple
pregunta, sino la voz del Padre, como
diciendo, y citando los anambros y
diciendo a cada pecador, "¿En qué
situación te encuentras? ¿A qué extremo
te ha reducido tu pecado? Que huyes de
tu Dios, a quien antes buscabas. ¿Dónde
estás, pecador?
La segunda gracia que vamos pidiendo a
la Virgen para que nos alcance de Dios,
a Jesucristo para que nos alcance de su
padre y al mismo Padre Celestial, a la
segunda gracia que va como más a fondo
con este espíritu ignaciano de ir a lo
más o de de lo ir a lo más radical y
hacer lo opuesto al pecado. Para ir más
a fondo, no casa para dejar de pecar, ni
siquiera destruir esta afección al
pecado, sino sentir el desorden de mis
operaciones. Dice, esa es la gracia,
desorden de mis operaciones para que
aborreciendo me enviende y me ordene.
Ahora lo que hay que aborrecer es un
desorden de las operaciones que quizás
no implican pecado propiamente, pero yo
voy siempre cambiando el orden y tomando
como fin lo que es medio. Lo que es
medio como fin, obrando
desordenadamente,
guiándome primero por la pasión y
después razonando a ver si es razonable
o cómo justifico esa pasión.
el obrar desordenado,
todo lo que se sale de la norma del
tanto cuanto. Por eso ese es origen de
nuestros pecados. Quizás el desorganismo
no llega a constituir pecado. No he
llegado a hablar quizás algo malo en sí,
algo un malicioso, pero sí me entiende a
eso, me hace entender.
Una vez que vemos que es el desorden de
mis operaciones, querer sentirlo
íntimamente hasta aborrecerlo y con el
deseo de hacer propósitos concretos y
firmes de cumplir siempre con la
voluntad de Dios.
Dice el evangelista San Juan.
El que se ama a sí mismo se pierde. El
que se aborrece a sí mismo en este mundo
se guardará para la vida eterna. Por eso
es eh ese amor no a sí mismo, sino
justamente aborreciéndose a sí mismo en
ese desorden y buscando a Dios y la vida
eterna para lograr ese
decía el beato Esqu Dios me conceda
aborrecer este mal con todo mi corazón y
me envíe la muerte antes de cometerlo.
Dice hermosamente también San Juan de
Ávila para recordar cómo es el Señor
quien quiere enmendarnos.
Dice, "Es tanta la gana que esta suma
bondad tiene de destruir nuestra maldad
para que su hechura no quede destruida.
que cuando quiera que el hombre quisiere
y cuántas veces quisiere y de cuántas
maldades hubiere hecho, si hace
penitencia y pide al Señor que le
perdone, está él aparejado a nos
recibir. Está preparado a recibirnos
perdonando lo que merecemos, decir el
infierno, el castigo, perdonando eso,
sanando lo que enfermamos, enderezando
lo que torcimos, por eso, ordenando
nuestra vida, nuestro interior y
dándonos gracias para aborrecer lo que
antes amábamos.
Así está listo Dios, preparadísimo para
que apenas uno quiera almendarse
cuántas veces quiera las maldades que
haya cometido. Está muy preparado Dios
para no solo perdonar, sino sanar,
enderezar y dando gracias de aborrecer,
que es lo que pedimos.
Y finalmente, la tercer gracia que
pedimos primero a la Virgen, Jesucristo,
a Dios Padre,
es conocimiento de algo ya más exterior,
pero que también es gran fuente de
desorden y pecados, que es el mundo
para aborrecerlo y que aparte, dice San
Ignacio de mí las cosas mundanas y
vanas.
El mundo malo no es la creación que
vimos que es obra buena de Dios, sino
las máximas ejemplos, criterios de
personas que viven entregadas a las
cosas creadas, a los placeres, a los
pasajeros, con un ideal terreno
contrario al evangelio, sin fe, sin
temor de Dios.
Este mundo es un ambiente plagado de
estos criterios y tendencias y modos de
pensar que se encuentra en todas partes,
que se influye, que se infunde y filtra
incluso en cada alma, incluso en casas
religiosas, en todo tipo de lugar.
Muchas veces ha condenado a nuestro
Señor y también los autores sagrados a
este mundo. Nuestro Señor dijo en Juan
15, "Si fueran del mundo, el mundo los
amaría como cosa suya, pero como no son
del mundo, sino que los elegí y los
saqué de él, el mundo los odia."
Y dice el apóstol Santiago, "¿No saben
acaso que haciéndose amigos del mundo se
hacen enemigos de Dios? Porque el que
quiere ser amigo del mundo se hace
enemigo de Dios.
Por eso debemos pidiendo esta gracia
apartar de nosotros las máximas del
mundo, todos sus criterios, sus
principios, la libertad primero o o mi
bien individual primero, mi felicidad y
y el resto no importa, etcétera.
Para librarnos del espíritu del mundo es
necesario aborrecer lo que el mundo ama
y amar lo que el mundo aborrece. Dice
San aborrecer lo que el mundo ama y amar
lo que el mundo aborrece. Terminó con
una expresión de San Juan de Ávila.
Mire el cristiano que pues el mundo
despreció al bendito hijo de Dios, que
es eterna verdad y bien sumo, no hay por
qué nadie nada le tenga ni nada le crea.
Antes mirando que fue engañando en no
conocer una tan clarísima luz y en no
honrar al que es verdaderísima honra,
aquello repruebe el cristiano que el
mundo apruebe. pruebe el cristiano todo
lo que el mundo apruebe y aquello prece
y ame ame el cristiano lo que el mundo
aborrece y desprecia
huyendo con mucho cuidado de ser
preciado de aquel que a su señor
despreció y teniendo por grande señal
del ser amado de Cristo el ser
despreciado del mundo con él y por él.
Y así pidiendo las mismas tres gracias
recurrimos a nuestro Señor y finalmente
nos atrevemos después de recurrir a esos
intercesores, nos atrevemos a solicitar
lo mismo a nuestro Padre Celestial y
así, sin duda, obtendremos muchos fruto
de este ejercicio.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo. Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos.
Amén. del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo.
UNLOCK MORE
Sign up free to access premium features
INTERACTIVE VIEWER
Watch the video with synced subtitles, adjustable overlay, and full playback control.
AI SUMMARY
Get an instant AI-generated summary of the video content, key points, and takeaways.
TRANSLATE
Translate the transcript to 100+ languages with one click. Download in any format.
MIND MAP
Visualize the transcript as an interactive mind map. Understand structure at a glance.
CHAT WITH TRANSCRIPT
Ask questions about the video content. Get answers powered by AI directly from the transcript.
GET MORE FROM YOUR TRANSCRIPTS
Sign up for free and unlock interactive viewer, AI summaries, translations, mind maps, and more. No credit card required.