El hombre más incomprendido de la historia. Parte 1/4
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Jesús dijo, "Los últimos serán los
primeros."
Suena bonito, ¿no? Pero si lo piensas en
serio, es un insulto a cómo funcionaba y
funciona el mundo, al éxito, al poder, a
la riqueza. Jesús no fue un teólogo
encerrado en una biblioteca. Fue un
hombre que hablaba en las calles, que
incomodaba a los religiosos y que
irritaba al imperio. No vino a fundar
una iglesia, vino a desarmar todas. Hoy
vamos a analizar su filosofía, no desde
la fe, sino desde sus palabras y sus
gestos.
Y miren, yo respeto si crees o no. Así
que, bienvenidos. En un mundo regido por
jerarquías, Jesús decía, "Los últimos
serán los primeros." En una sociedad
donde el sábado la ley religiosa era
intocable, respondía, "El sábado fue
hecho para el hombre y no el hombre para
el sábado." Pero, ¿quién era él? Él era
un judío pobre. Su pueblo estaba bajo el
gobierno del Imperio Romano. Pero un día
Cristo se fue al desierto antes de
predicar, antes de los milagros, antes
de todo. Jesús se fue al desierto solo,
sin comida, sin nadie. Y ahí, según los
evangelios, fue tentado. Tentado por la
carne, las pasiones más bajas de lo que
es ser humano, la desesperación, las
luchas mentales. La primera tentación
fue convertir piedras en pan. No suena
mal. Tenía hambre. Pero aquí la trampa
no era el pan, era reducir la vida solo
a la necesidad inmediata. No es lo mismo
hoy. Creemos que si llenamos el
estómago, si compramos más cosas, ya
tenemos sentido. Jesús responde, "No
solo de pan vive el hombre." Quizá
quería decir que una vida sin propósito,
aunque tenga pan, sigue vacía. La
segunda tentación fue el espectáculo,
arrojarse desde el templo para que Dios
lo salve frente a todos. el show de la
fe. Pero Jesús rechaza esa lógica. Hoy
el templo es la validación constante. El
moderno no ofrece piedras
convertidas en pan, ofrece likes
convertidos en autoestima. La tercera
tentación fue el poder. Todos los reinos
del mundo serán tuyos y me adoras. La
promesa del dominio total y Jesús la
rechaza. Ahí está la verdadera
radicalidad. Decir no al poder cuando
más fácil es adorarlo. Porque como
escribió y siglos después, cada hombre
lleva dentro una sombra que desea
dominar. Y el peligro es cuando esa
sombra nos gobierna. Y Jesús nos deja la
primera cosa que nos da para pensar en
este video. El desierto no es solo un
lugar físico. Es el momento en que te
quedas a solas contigo mismo, sin la voz
del mundo, vendiéndote cosas o buscando
validación o la propia lujuria que
combaten muchos. el lugar donde se
derrumban las máscaras y aparecen las
tentaciones más profundas. Pero más allá
de esas tentaciones, en ese vacío Jesús
experimentó algo distinto, lo que
algunos llamarían un encuentro con Dios.
El escritor Roman Rolland lo llamaba
sentimiento oceánico. Esa sensación de
disolverse en algo más grande, de perder
el yo y fundirse con el todo. Freud
decía que era una ilusión, un eco
infantil de sentirnos uno con la madre,
pero Yun no interpretaba diferente. Para
él era una experiencia real del
inconsciente colectivo, lo luminoso, lo
sagrado que se manifiesta dentro de la
psique. como un niño al desarrollar el
yo. Decirse hijo de Dios no era ponerse
en un pedestal, era entender que lo
divino no está fuera en un cielo remoto,
sino en lo más íntimo del ser humano.
Eso se parece demasiado a lo que en
Oriente llaman Tao, la corriente
invisible que atraviesa todas las cosas
donde todo se hace o al Nirvana, no un
lugar, sino un despertar, una liberación
de la ilusión del yo. Incluso Yun no
vería así el Cristo interior como
arquetipo del self. la totalidad que
habita en cada persona. Cuando Jesús
dice, "Yo y el Padre somos uno," no está
hablando de un señor de barbas blancas.
Está nombrando una experiencia de
unidad. La conciencia de que lo absoluto
habita en lo relativo, que lo eterno
respira en lo humano. Porque somos
materia viva, el universo observándose a
sí mismo. Por eso insistía, "Lo que
hagan al más pequeño, a mí me lo hacen,
porque esa chispa está en mí, en ti, en
todos."
Y Jesús entendió que si el principio
unificador, es decir, Dios, está en
todas partes, entonces también está en
mí. Pero si está en mí, no me hizo. Soy,
pero si yo soy, entonces también tú. Y
hasta se me sale una lagrimita al hacer
este video, porque Jesús no trajo un
Dios lejano. Reveló que lo divino se
encarna en lo cotidiano, que lo que
Oriente llama Tao o Nirvana y Yun
llamaría Sel, él lo llamó padre. y otros
pueblos que tenían su forma de llamarlo
y que ser hijo de Dios no significa
reclamar privilegios, sino despertar a
la unidad que ya está aquí. Sin embargo,
volvió al crudo mundo que habitaba y
empezó a tomar acción. Verás, su lógica
era peligrosa. Ponía al ser humano por
encima de la ley, del templo y del
imperio. Nietche, aunque odiaba el
cristianismo, reconocía que Jesús no era
un moralista común. Lo veía como alguien
que desafiaba la moral oficial, un
espíritu libre que cuestionaba toda
autoridad. Si lo pensamos hoy, ¿qué
significa que el último valga más que el
primero? Tal vez que nuestro concepto de
éxito es una mentira útil, pero mentira
al fin. Pero mocos, Cristo aventó la
regla de oro. Amen a sus enemigos. Hagan
el bien a los que los odian. La frase
más ilógica por el contexto de ese
tiempo y la más revolucionaria. La
lógica humana es clara, si me atacas,
respondo. Pero Jesús propone el absurdo,
responder con amor. Achisa. ¿Y por qué?
¿Por qué no mejor darle un sape a mi
enemigo? Pues porque el mal no necesita
nuestra ayuda. Ya hay tantas guerras y
dolor en el mundo como para devolver mal
por mal. Y de verdad, si queremos que
esta bola azul que habitamos sea un
lugar mejor, debemos romper ese patrón
de espadas. Y bien, Tostoy, en el reino
de Dios está en vosotros. decía que si
tomáramos esta enseñanza en serio,
desaparecerían los ejércitos y las
cárceles. Jun Chulan explicaría algo
similar. En una sociedad donde todo es
transacción y cálculo, el amor gratuito
es un acto de resistencia. Desde la
psicología, Erich From lo veía así:
"Amar no es un sentimiento pasivo, sino
un acto consciente de libertad. Y bien,
Jesús ama al pecador, pero no al pecado.
Es decir, Jesús no tenía tanta bronca
contra los pecadores como contra los
hipócritas. Hay de ustedes, fariseos.
Son como sepulcros blanqueados. Por
fuera parecen hermosos, pero por dentro
están llenos de huesos podridos. Suena
brutal, pero dime si no aplica hoy.
Políticos que predican justicia mientras
roban. Empresas que venden felicidad
mientras destruyen vidas. influencers
que predican autenticidad, pero solo
enseñan máscaras. Ellos ya no veían
personas, veían roles, no veían rostros,
veían pecadores que había que condenar.
Se habían perdido en sus túnicas largas,
en sus asientos de honor, en el teatro
de la pureza. Y Jesús, cansado de esa
hipocresía, les dijo las verdades en la
cara delante del pueblo. Los fariseos
cumplían con todos los ritos, pero
habían olvidado lo esencial, la
compasión. Y aquí la ironía. Cuanto más
cumplían la letra de la ley, más lejos
estaban del espíritu de la ley. Eran
esclavos de su propio teatro religioso.
Y Jesús no tenía coronas o túnicas
hermosas ni joyas. Y predicaba ese amor
sin apartar nada. Por eso Jesús chocaba
tanto con ellos. Porque la verdadera
espiritualidad no cabe en túnicas,
títulos o asientos de honor. Y cuando
alguien vive fuera de ese teatro,
incomoda a quienes solo saben actuar.
Ahora bien, él directamente no escribió
libros.
Su filosofía está en gestos. Comer con
marginados, tocar a los intocables,
perdonar a la adúltera cuando todos
estaban listos para apedrearla. Han
arentecía que los actos revelan quiénes
somos más que las palabras. Jesús
entendía eso, que un gesto puede
destruir un sistema entero. Sanar en
sábado no era un milagro, era una
protesta. Comer con prostitutas no era
ternura, era un manifiesto político
contra una religión excluyente. Mientras
unos te miraban con desprecio, él se
sentaba contigo. Mientras te condenaban,
él te perdonaba. Sin embargo, su amor
era tanto que no te dejaba en pecado, al
contrario, te invitaba a ser más
virtuoso. Y Jesús nos deja otra
pregunta. La pregunta es, ¿qué
significan esos gestos hoy? Tal vez que
la verdadera filosofía no está en
repetir frases bonitas, sino en
incomodar con actos que pongan al ser
humano por encima del mercado, de la ley
y del poder. Si alguien te da una
bofetada en la mejilla derecha, ponle
también la otra. Durante siglos se
interpretó como resignación: callar,
aguantar, dejarse pisar. Pero, ¿de
verdad era eso lo que quería decir? En
la cultura judía del siglo I, una
bofetada en la mejilla derecha no era un
golpe de pelea, era un gesto de
humillación. Un señora abofeteaba al
siervo con el dorso de la mano derecha,
como quien recuerda quién manda. Al
decir, "Ofrece la otra mejilla." Jesús
no estaba aconsejando ser pasivo. Estaba
proponiendo algo mucho más radical. Si
me golpeas con la mano derecha en la
mejilla derecha y te ofrezco la
izquierda, ya no puedes usar el dorso.
Tienes que usar la palma, un gesto
reservado entre iguales. En otras
palabras, no es resignación, es
resistencia sin violencia. Es romper el
juego del opresor sin devolverle la
violencia, obligándolo a verte como
igual. Gandy lo entendió así. La no
violencia no es pasividad, es una fuerza
capaz de desarmar al agresor. Y Martin
Luther Kane lo repitió en pleno siglo
XX. Responder al odio con odio solo
multiplica la oscuridad. Erich From lo
habría leído como una afirmación de la
dignidad no rebajarse al nivel del
agresor, sino mostrarle que uno no es
objeto, sino sujeto. Este discurso de la
otra mejilla lo han usado nuestros
políticos, sin embargo, ¿sabes qué otra
tontería han dicho para ganarse los
votos? Cada cierto tiempo alguien suelta
la frase, "Jesús era de izquierda porque
ayudaba a los pobres, porque criticaba a
los poderosos, porque hablaba de
justicia." Otros responden lo contrario.
"No, Jesús era de derecha, defendía la
familia y la tradición." La verdad es
que ambas afirmaciones son igual de
ridículas.
Apoyan sus discursos políticos con el
hombre más incomprendido de la historia.
¿Y qué crees? La gente vota por ellos
porque caen en esa ridiculez. gente con
sus propios problemas y esperanzas.
Decir que Jesús era de izquierda o de
derecha es proyectar nuestros debates
modernos en un hombre que vivió hace
2,000 años en una cultura radicalmente
distinta. Es como preguntarse si
Sócrates sería fan de Marvel o de DC. La
izquierda y la derecha nacen en la
Revolución Francesa, siglos después de
Cristo. Son categorías políticas
modernas. Jesús no hablaba de
capitalismo ni de comunismo. Su mensaje
iba mucho más allá de la lucha
electoral. Cuando Jesús decía,
"Bienaventurados los pobres", no estaba
redactando un programa económico, estaba
subvirtiendo la lógica de una sociedad
que medía el valor de las personas en
riqueza, poder y pureza. Y cuando
criticaba a los fariseos y a los
romanos, no proponía un partido
político. Estaba desenmascarando la
hipocresía y la violencia de cualquier
sistema que convierte al ser humano en
cosa. El filósofo Orn decía que el
cristianismo primitivo era una utopía de
esperanza. No era un plan de gobierno,
era un horizonte que cuestionaba todo
poder, incluso el de quienes intentan
hoy usar su nombre para campañas
políticas. Después de hablar del reino
de Dios, de la otra mejilla, de la
hipocresía de los fariseos, Jesús dejó
claro algo que aún hoy cuesta aceptar.
Nuestras peleas son una ilusión. No hay
necesidad de guerras. Podemos hacer un
mundo mejor, que la frontera entre tú y
yo es una construcción, que en lo
profundo todos somos hijos de Dios y por
eso los llamó hermanos. Eso era más que
un mensaje piadoso. Era dinamita
política y espiritual. Porque si todos
somos hijos de Dios, nadie tiene derecho
a ponerse por encima de otro, ni
emperadores, ni sacerdotes, ni sistemas.
Jesús lo repetía en parábolas, en
gestos, en banquetes con prostitutas y
cobradores de impuestos. "Tú eres yo, yo
soy tú. Vamos a echarle ganas, decía el
buen Jesús. Nos amaremos los unos a los
otros." Era una forma distinta de ver la
realidad aquí y ahora. Con esa
convicción llegó a Jerusalén. No entró
con ejércitos, entró en un burro.
ridiculizando el poder militar. no
proclamó una guerra santa, proclamó una
buena noticia que el hombre podía
reconciliarse consigo mismo, con el otro
y con lo divino. Y él trajo la buena
noticia de que conectar con Dios o con
el Tao la conciencia universal no era
necesario ir al templo, sino rezar en
silencio en cualquier lugar, porque Dios
está en mí y en ti. Pero no todo era tan
perfecto. Pero claro, un mensaje que
iguala a todos inevitablemente incomoda
a quienes viven de las jerarquías. Los
fariseos lo vieron como una amenaza. El
Imperio Romano lo vio como un agitador.
Y el pueblo dividido no supo qué hacer
con alguien que no encajaba en ninguna
categoría. Y a pesar de que él trajo la
buena noticia, fue crucificado por gente
que estaba muy cómoda en el podrido
mundo que vivían. vida, aquel
mundo crucificó a un hombre perfecto y
quizás el nuestro también lo haría. En
la segunda parte de este video
hablaremos de la llegada a Jerusalén, de
lo que Jesús predicó ahí, de la traición
de Judas. Hablaremos de su muerte.
Hablaremos también del tan famoso padre,
¿por qué me has abandonado?
Y de lo que se dice que fue su
resurrección. Ey, pero aún no te vayas,
guapetón o guapetona. Regálame tu like,
tu opinión en los comentarios, siempre
con respeto y gracias por tu atención.
Un abrazo gigante, mis personas
pensantes.
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