06 Meditación: Principio y Fundamento III - P Pablo Rossi - Ejercicios Espirituales online 2026
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En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de
gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre,
Jesús.
Santa María, madre de Dios, ruega por
nosotros pecadores, ahora y en la hora
de nuestra muerte. Amén.
Ave María purísima, sin pecado
concebida.
Sagrado Corazón de Jesús,
en vos confío.
San Ignacio, ruega por nosotros. En el
nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Bien, tenemos que ver ahora
la última parte de este principio y
fundamento,
esta serie de verdades
que son los principios y fundamentos que
tienen que guiar
nuestros ejercicios
y toda nuestra vida.
Bien, vemos la tercer parte.
que es lo que San Ignacio llama
indiferencia.
Atención que esta palabra indiferencia
se puede entender mal.
Eh,
hay que entenderla
eh como eh la entiende San Ignacio
para entender lo que San Ignacio nos
quiere expresar, ¿no?
Bien, la oración preparatoria siempre la
misma.
Como nos enseña San Ignacio en el número
46 de los ejercicios,
la composición de lugar
siempre la misma, verme delante de Dios,
de la Virgen, de todos los santos. Ellos
están deseando que yo haga bien estos
ejercicios.
La petición, pedir la gracia de amar a
Dios con todas mis fuerzas y ser
indiferente
a las criaturas.
Ya vamos a explicar.
Eh, ahora vamos a explicar qué cosa es
la indiferencia. Ustedes cuando hagan la
petición y lo recen a escuchado los
puntos. Por eso ahora tal vez no lo
entienden,
pero cuando lo vayan a rezar ya lo van a
haber entendido porque lo vamos a
explicar ahora en los puntos
indiferente.
Bien, puntos y leamos el texto de San
Ignacio del principio y fundamento.
Leamos lo que ya hemos visto y
agreguemos lo que tenemos que ver ahora.
El hombre es creado para alabar, hacer
reverencia y servir a Dios nuestro Señor
y mediante esto salvar su alma. Y las
otras cosas sobre la faz de la tierra
son creadas para el hombre y para que le
ayuden en la prosecución del fin para el
cual es creado. ¿De dónde? Interesante.
Se sigue, ¿de dónde se sigue?
Que el hombre tanto ha de usar de ellas
cuánto le ayuden para su fin y tanto
debe quitarse de ellas cuanto para ellos
le impidan.
Y ahora lo que tenemos que agregar.
Por lo cual es menester,
por lo cual, para lo cual es necesario.
Eso es lo que quiere decir.
Por lo cual es menester, hacernos
indiferentes.
sernos indiferentes
a todas las cosas creadas,
en todo lo que es concedido a la
libertad de nuestro libre albeldrío y no
le está prohibido.
En tal manera que no queramos de nuestra
parte más salud que enfermedad,
riqueza que pobreza,
honor que deshonor,
vida larga que corta y por consiguiente
en todos los demás, solamente deseando y
eligiendo
lo que más
nos conduce para el fin que somos
creados. Bien, este esto que está
subrayado acá,
perdón, esto que está subrayado acá,
tiki,
es el
texto que nosotros tenemos que meditar
ahora.
Bien,
expliquemos lo que es esta indiferencia
ignaciana.
Ejemplo,
tengo que llevar a mi mamá en una
ambulancia urgente al hospital porque
está muy grave.
Eh,
a mí me gustan mucho
los autos rojos porque es un ejemplo
explicativo, ¿no? Porque
eh me gustan mucho las Ferraris, soy
fanático de Ferrari
y cada vez que me subo a un auto rojo,
me imagino que estoy en una Ferrari. Me
encanta.
Y todos los autos que me he comprado en
mi vida son rojos y siempre trato de
viajar en un auto rojo, supongamos, es
un ejemplo.
De repente mi mamá está muy gravemente
enferma.
Hay que llevarla urgente al hospital.
Llamo a la ambulancia.
Las la telefonista me atiende y me
pregunta, ¿de qué color quiere la
ambulancia? ¿La quiere roja, verde o
azul?
No me interesa, le digo.
Quiero la ambulancia que venga más
rápido. La primera es urgente.
Soy
indiferente al color de la ambulancia.
Lo único que me interesa
es que lleve más rápido a mi mamá al
hospital.
Me encantan las ambulancias rojas. Eh,
este,
me gustan rojas
porque sueño con estar en una Ferrari,
pero soy indiferente. No me interesa el
color, no interesa mis gustos.
No interesa mi sensibilidad.
Soy indiferente al color. Quiero
la que vaya más rápido.
Bien.
Eh, entonces
si la primera que llega es roja, bueno,
sí la voy a elegir, es verdad, pero no
la elijo por ser roja,
la elijo porque es la que va más rápido.
Bueno, es indiferente.
O la que viene es azul, no interesa.
Elijo la que venga más rápido.
El motivo de la elección es siempre ese,
el que vaya más rápido. El motivo de la
lección es siempre lo que me ayuda al
fin.
Cuando el motivo de la lección es solo
lo que me ayuda el fin y no los gustos
sobre las cosas, es porque yo soy
indiferente,
¿no? Eso.
Entonces, por ejemplo,
eh, ¿de qué color quiere la ambulancia?
¿Roja o azul? Mire la pavada que me está
preguntando.
Qué tontera, qué estupidez.
La que venga más rápido.
¿Qué querés?
¿Una vida larga o una vida corta?
Qué tontera que me está preguntando.
La que me hago más santo, la que me una
más a Dios.
Eso es ser indiferente.
¿Qué queres? una vida con mucha plata o
una vida de pobreza. Qué tontera que me
estás preguntando.
Lo que me haga más santo.
Claro que me gusta más la riqueza, claro
que me gusta más la vida larga. Claro
que me gusta más los autos rojos, pero
es una tontera preguntarme por eso.
Quiero lo que me haga más santo,
así como quiero la ambulancia que lleve
más rápido a mi mamá.
Entonces, independientemente
de los justos,
yo quiero lo que me haga más santo, lo
que me una más a Dios, lo que más me
sirva para alabar, hacer reverencia y
servirlo.
Eso es ser indiferente.
Necesidad de la indiferencia
es absolutamente recontraupernecesaria.
Fíjense que así como es necesario
hacer el tanto cuanto
para alabar, hacer reverencia y servir a
Dios nuestro Señor, porque si no uso las
criaturas
según el tanto cuanto, no alabo.
Así es necesario, por lo cual es
menester, es necesario ser indiferente
para usar las cosas según un tanto
cuanto para alabar a Dios. Porque si no
soy indiferente, no uso las cosas según
un tanto cuanto y no alabo a Dios.
Entonces, veamos la necesidad de la
indiferencia. Si no soy indiferente, no
amo a Dios con todas mis fuerzas.
Tengo que llevar a mi mamá al hospital,
pero quiero sí o sí una ambulancia roja.
Capaz que la ambulancia primera, la más
rápida, era justo roja, pero yo la elegí
no porque llevaba más rápido al mi mamá,
eh, yo la elegí porque era roja y
entonces no amo mucho a mi mamá, no la
amo con todas las fuerzas. Y como acá
estamos hablando no de llegar
materialmente rápido, sino amar. Estamos
hablando del amor y yo tengo que amar a
Dios con todas mis fuerzas si yo no soy
indiferente
y no estoy amando a Dios con todas las
fuerzas, no estoy usando las cosas para
amar a Dios
y no estoy alabando a Dios, por más que
de hecho era justo lo que Dios me pedía.
Entonces, supongamos que Dios me pide,
tengo que elegir, pongo un ejemplo
tonto, tengo que elegir entre ser médico
o abogado.
Este,
sí.
Este, y supongamos que por algún motivo,
no sé cuál, no interesa,
este, me sirve más ser médico
para amar a Dios, alabarlo y hacerle
reverencia. Y de modo tal de que así
estoy usando mi carrera y mi estudio
para alabar, hacer reverencia y servir a
Dios nuestro Señor, ¿no? Porque uso
Perfecto.
Pero yo elijo la medicina porque me
gusta más, no porque me sirve para
alabar a Dios.
Bueno, si yo la elijo porque me gusta
más, no porque me sirve para alabar a
Dios. Por más que la medicina era lo que
me servía para alabar a Dios, yo no
estoy alabando a Dios.
Por más que la medicina
era justo lo que eh
me servía para unirme a Dios y para ser
santo, yo no lo no me estoy uniendo a
Dios y no estoy siendo santo. ¿Por qué?
Porque lo elijo porque me gusta.
Y entonces cuando yo elijo sin
indiferencia, sino porque me gusta,
por más que elijo justo lo que me
hubiese servido con indiferencia, si yo
lo elijo sin indiferencia,
listo, soné.
No lo estoy usando para amar a Dios y no
me estoy uniendo a él con todas las
fuerzas.
Por eso es absolutamente necesario ser
indiferente, hacerme indiferente, elegir
las cosas solo, pura y exclusivamente
por amor a Dios. Porque si la elijo sin
indiferencia, por más que de casualidad
le pegue y elija lo que Dios hubiese
querido,
no amo a Dios con todas mis fuerzas.
Si uno no es indiferente, no puede amar
a Dios con todas las fuerzas.
Entonces es necesario hacernos
indiferente
de modo tal de que lo único que nos
interese para elegir las cosas sea
unirme a Dios con ellas.
Necesidad
absoluta de la indiferencia en el plano
interior. Puede ser que de casualidad la
ambulancia que lleve primero a mi mamá
era la roja, de modo tal que no perdí
nada de tiempo. Pero en cuanto al amor,
yo no amo a mi mamá con todas las
fuerzas.
Otro ejemplo para poner ejemplo, pero
creo que ya se entendió, pero capaz que
este no es tan bueno como el anterior,
pero ponemos otro para
eh
esta caja
te hace santo.
Esta.
Ay, no tengo otra.
Esta no te hace santo. Esta sí. Esta te
hace santo. Esta no. ¿Qué caja elegís? Y
elijo esta que es la que me hace santo.
Pero no sabes lo que tiene adentro. No
interesa. Yo elijo esta porque me hace
santo. Abro,
no tiene nada. abro y
y
es pobreza.
Y bueno, es pobreza.
Elegí la pobreza porque era la que me
decía santa.
Abro y es riqueza. Y bueno, elegí la
riqueza, pero no la elegí por riqueza,
la elegí porque era la que me hacía
santa.
abro y era vida corta y elegí vida
corta, pero la elegí porque me hacía san
y así sucesivamente.
Bien, se pueden poner muchos ejemplos de
indiferencia. Materia de la
indiferencia. Dice San Ignacio, "Todo lo
que cae bajo mi libertad y no me está
prohibido. Evidentemente que yo no puedo
ser indiferente entre eh
eh amar una persona o asesinarla. No,
no, no tengo que amarla. Evidente. Todo
lo que eh eh está sujeto a la libertad,
todo lo que de suyo no es pecado, en sí
mismo considerado,
¿estudio ingeniería o estudio medicina?
Soy indiferente, lo que me haga más
santo.
Puede ser que después deduzca
que voy a hacer mayor bien si la carrera
me gusta. Y entonces yo la elijo porque
me gusta, pero en realidad no porque me
gusta, sino porque
hago más bien. Y no porque hago más
bien, sino porque ese bien es el que
Dios me pide, ¿no? Y así, ¿no? Pero
siempre tiene que terminar en la en la
unión con Dios. El motivo tiene que ser
siempre la unión con Dios.
La santidad, el cumplir su voluntad.
Pueden ser cosas de deseo
y no de elección.
O pueden ser cosas de elección también.
Por ejemplo, eh eh
riqueza o pobreza son cosas que puedo
elegir
y tengo que ser indiferente. Y elijo la
riqueza si es lo que me hace más santo.
Tengo que reconocer que es medio raro,
¿eh?
o elijo la pobreza, si es lo que me hace
más santo,
salud, enfermedad. Y esas cosas no no
las puedo elegir, no, pero aunque las
puedo pedir en la oración, sí, pero no
las puedo propiamente elegir. No depende
de mi elección, será como Dios lo
quiera, pero igual tengo que ser
indiferente, de modo tal de que cuando
aparezca por voluntad de Dios, yo lo
acepte.
Me tengo que hacer indiferente, dice San
Ignacio.
Entonces depende de mí.
Es un trabajo.
Es un trabajo. Tengo que luchar contra
mí mismo para hacerme indiferente.
Se trata de elegir y desear, no solo de
mente de elegir.
Si simplemente elijo,
pero en realidad quedo con el deseo del
otro. Bueno, elijo la pobreza.
Dios me pide ser pobre. Bueno, elijo la
pobreza, pero yo sigo deseando la
riqueza.
El amor sigue allá,
entonces no sirve. Tengo que desear y
tengo que elegir y desear.
Por eso están los grados de
indiferencia.
Por ejemplo, piden un voluntario. ¿Quién
quiere ser pobre? ¿Quién quiere
acompañar a Jesús en la cruz? piden un
voluntario, me escondo. Mira si me
llegan a elegir.
Si me piden, lo hago. Que se le va a
hacer, pero me trato de esconder,
entonces lo hago con resignación,
no con indiferencia. Me escondo. Si me
piden, lo hago. ¿Qué voy a hacer? Le voy
a decir que no, pero con resignación.
piden un voluntario, me ofrezco
y porque no voy a ser tan trucho, tan
malo en esconderme. Pero igual me
ofrezco con tristeza
y sigo teniendo el afecto a lo otro.
Entonces sigue siendo resignación.
Cuando piden un voluntario y yo me
ofrezco con alegría,
a pesar de que no me guste
sensiblemente, pero me ofrezco con
alegría porque me gusta sacrificarme por
Dios y entonces soy indiferente.
Hay veces que es muy difícil
discernir entre sí, yo me ofrezco,
me ofrezco
pero con
resignación
o me ofrezco con indiferencia a pesar de
que sensiblemente me sigue gustando lo
otro.
Eh, la diferencia
está en la oración.
Uno es capaz de pedir contra la carne.
Jesús,
llámame a la cruz a pesar de que no me
guste, ¿no? Entonces
uno ahí estoy demostrando que soy
indiferente.
Causa de la indiferencia
es el amor.
¿Por qué yo soy indiferente
a al color de la ambulancia a pesar de
que me gustan tanto las rojas? Por el
amor a mi mamá.
La causa de la indiferencia a las
criaturas es el amor a Dios. De modo tal
de que si yo no soy indiferente, ¿porque
no amo? evidente,
¿no? Eh,
así hay allá a lo lejos hay
un paquete con eh pesos, $100,000.
Voy corriendo.
Ah, hay algunas monedas tiradas en el
piso. No me interesa. Yo voy corriendo
hacia el paquete y me tiro de cabeza y
lo agarro antes de que otro lo vea.
Entonces, es el amor
lo que me hace ir rápido y ser
indiferente
a las moneditas, a las criaturas que hay
en el camino.
La causa de la indiferencia es el amor a
Dios.
Ejemplos de San Ignacio.
Salud, enfermedad, riqueza, pobreza,
honor, deshonor. Esto es difícil,
como muchas veces hacemos cosas para ser
admirados,
vida larga, corta y por consiguiente en
todos los demás. ¿Qué es lo que tengo
que hacer en este ejercicio? Bueno,
reflexionar sobre esto,
preguntarme, hacer un examen a ver si en
mi vida soy realmente indiferente
y pedir la gracia, rezar mucho,
de amar con todo mi corazón a Jesús y a
la Virgen,
de modo tal de poder aceptar cualquier
cosa por amor a ellos, ser realmente
indiferente.
En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
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