9 de Julio Canal Encuentro
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Mil ochocientos dieciséis fue un año decisivo porque se declaró la independencia de un nuevo país, hoy llamado Argentina, y así estos territorios dejaron de pertenecer a la monarquía española.
También fue decisivo porque José de San Martín terminó de organizar su plan de guerra con el cual garantizaría esa independencia y llevaría el triunfo de los revolucionarios más allá del Río de La Plata.
Para 1816, España se había liberado de los franceses y el rey Fernando VII había vuelto al trono. Ahora se predisponía a recuperar sus territorios americanos, que estaban en manos de revolucionarios.
Reforzó su ejército, que comenzó a avanzar victoriosamente por toda la región, derrotando a los movimientos independentistas.
Cuando comenzó 1816, la revolución del Río de la Plata era la única que se mantenía en pie. La situación era muy compleja, militarmente estaba amenazada desde Chile y Perú, pero además las tensiones y los conflictos no eran solo con los enemigos realistas, sino también internos entre las distintas provincias, ya que el litoral se venía manifestando contra el centralismo porteño.
Por otro lado, la economía estaba en estado crítico por el enorme esfuerzo que implicaba la guerra, que se estaba haciendo ya muy larga.
En este contexto de emergencia, las Provincias Unidas se reunieron en un congreso para decidir qué hacer ante la situación crítica.
El Congreso se reunió en Tucumán para limar asperezas entre Buenos Aires y el interior, cuyas relaciones estaban deterioradas.
Las sesiones se iniciaron el 25 de marzo de 1816 y acudieron distintos diputados de distintas provincias, entre ellas algunas que hoy no son argentinas sino bolivianas.
Mientras que provincias que hoy son argentinas como Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, pero estaban enfrentadas con Buenos Aires, no enviaron representantes.
Los diputados presentes tenían un perfil ideológico más conservador que los que habían dirigido la revolución hasta entonces, y sin embargo se animaron a dar un paso que hasta entonces no se había dado ante la situación que parecía no tener salida.
Finalmente, después de muchas discusiones en las cuales muchos asuntos no fueron resueltos, por ejemplo qué forma de gobierno adoptar, el Congreso decidió el 9 de julio de 1816 declarar la independencia de las llamadas Provincias Unidas en Sudamérica de cualquier dominación extranjera.
Así, un nuevo país libre e independiente comenzaba a cobrar vida.
Luego de años de incertidumbre, un grupo de diputados de distintas regiones del ex Virreinato del Río de la Plata declararon la independencia de España.
Sin embargo, en el período que va desde la Revolución de mayo hasta dicha declaración, distintas facciones políticas manejaron varios proyectos alternativos.
Estas propuestas incluían conservar un grado de autonomía dentro de la monarquía española, someterse al emperador francés, formar parte del Imperio británico o alcanzar una independencia absoluta.
Esta última opción recién ganó consenso en 1816, cuando el restablecimiento en el trono de Fernando VII puso en evidencia que la Corona no aspiraba a otorgar autonomía y representación a las élites americanas.
Derrumbada la legitimidad monárquica absolutista, la idea de que la voluntad del pueblo es el fundamento de la autoridad política ganó lugar.
Así es que se sucedieron juntas, triunviratos y directorios que decían representar al pueblo, pero que carecían de legitimidad porque los mecanismos de elección de las autoridades eran impugnados por distintos sectores.
Hacia 1816 se habían restaurado las monarquías europeas Tras la derrota de Napoleón en 1814 y luego de más de una década de guerra ininterrumpida, la paz estaba restablecida en Europa.
En 1815 las cinco grandes monarquías europeas habían firmado una serie de acuerdos que permitirían equilibrar la agitada vida internacional europea por varios años.
El más sobresaliente de esos acuerdos es el llamado principio de intervención, que estipulaba la solidaridad de las monarquías frente al surgimiento de cualquier intento de revolución liberal.
En España. Fernando VII había regresado al trono en 1814 e instaurado nuevamente el absolutismo, y uno de sus principales objetivos era restaurar el poder de la monarquía en los territorios americanos insurgentes.
Para ello, en 1815 ordenó que una gran expedición integrada por más de 10.000 soldados partiera hacia América.
En 1816 la situación de los revolucionarios de Sudamérica era desesperante, puesto que solamente seguía en pie el foco revolucionario del Río de la Plata.
La mayoría de los ponchos que se utilizaban en el actual territorio de Buenos Aires provenían del interior del país.
Es corriente encontrar nombrados a los ponchos de Córdoba. Emmerich Essex Vidal cuenta que no existían manufacturas de ponchos en Buenos Aires y que los más bellos venían de Salta o de Perú.
En Corrientes eran las mujeres las encargadas de tejer ponchos de colores rojos, azules y verdes, que luego también se comercializaban en las diferentes ciudades.
Si bien el uso del poncho estaba muy extendido, estas prendas no eran muy económicas, puesto que un buen poncho debía ser de lana, fuerte y tupido para poder soportar lluvias copiosas.
Esta prenda se transformó en un básico del guardarropas del gaucho trabajador y lo distinguí de aquellos que llevaban frac y levita.
El poncho Patria era el poncho clásico de balleta adoptado por los ejércitos nacionales, con el anverso azul y el reverso de la misma tela pero colorado.
El poncho Calamaco era un poncho más pequeño y ordinario, redondeado y medio corto, de color rojizo. Por último, el poncho Bichará, un poncho de pobre, de tejido basto, gris oscuro o azul, con una franja oscura.
En la primera década revolucionaria se produjeron algunos cambios en los productos que consumían los habitantes del antiguo virreinato.
En las ciudades las industrias eran artesanales y no existía aún una confección de productos sofisticados.
Sin embargo, había notables excepciones, como eran entre los lácteos de la época, los quesos que se producían en Goya, Corrientes y principalmente los fabricados en Tafí del Valle, a escasas leguas de distancia de Tucumán.
Desde el afincamiento de los jesuitas en el siglo XVII, la zona de Tafí se distinguía por su producción quesera.
Los jesuitas habían comenzado a fabricar queso con las recetas traídas de la región de La Mancha, por lo que también se lo conocía como queso manchego.
La fama de este producto trascendía las fronteras provinciales y era conocido en regiones alejadas como Córdoba y Buenos Aires.
Mientras la guerra causaba estragos en diversos puntos del ex Virreinato del Río de la Plata, en la campaña de la provincia de Buenos Aires se inicia el proceso de expansión de las fronteras.
Avanzando sobre territorio indígena, los asentamientos criollos cruzan el río Salado, comenzando así la creación de una nueva base económica para la provincia, con el desarrollo de la ganadería vacuna orientada hacia la exportación.
En tanto, Entre Ríos, Santa Fe y la Banda Oriental sufren la frenética liquidación de sus planteles ganaderos por parte de los ejércitos en lucha.
Los despojos de esos rebaños que habían conformado su riqueza serán negociados por un nuevo tipo de comerciantes, tanto criollos como extranjeros, más propensos a tomar altos riesgos y que buscaban rotar con rapidez un capital no demasiado considerable, a fin de captar altas ganancias en el menor tiempo posible.
Dados los altos riesgos de operar en esas condiciones, varios de los nuevos comerciantes perderían con rapidez las fortunas que habían sabido obtener.
Hace estos años y hasta 1821 funciona en Buenos Aires la Academia de Dibujo que el fraile recoleto Francisco de Paula Castañeda había abierto en las salas del Consulado.
Fue su director académico José Gutiérrez, uno de los primeros artistas viajeros que llegó a Buenos Aires por ese tiempo.
En esos años se instala además otro importante artista extranjero, el suizo Jean Philippe Gaulle, dedicado a retratar en miniatura a las mujeres y hombres de la élite porteña.
Realizó también pinturas al óleo, como el retrato de Lucio Mancilla, que se encuentra actualmente en el Museo histórico nacional.
En 1816 arriba también el inglés Emeric Essex Vidal, miembro de la Armada Real británica, interesado por plasmar vistas urbanas y usos y costumbres de habitantes de las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, así como costumbres rurales de las provincias argentinas.
Uno de los hombres que más presionó e insistió para que se declarara la independencia fue San Martín, que la necesitaba para llevar adelante sus planes, que consistían en dejar de atacar a los realistas en el Alto Perú, donde solo se habían cosechado derrotas, para hacerlo en Chile y desde allí avanzar sobre el Perú, que era el eje de la fuerza española en América del Sur.
San Martín no quería cruzar a Chile al frente de un grupo de rebeldes, sino del ejército de un país independiente que peleaba por su libertad.
Entonces, en 1817, San Martín terminó en Mendoza de organizar el Ejército de los Andes, compuesto por 5.200 hombres, de los cuales 1.500 habían sido esclavos, con el cual a inicios de 1817 cruzaría la cordillera para vencer a los realistas en Chile y desde allí ir a Perú.
Entonces 1816 fue un año decisivo porque terminó el avance realista en América y comenzó el triunfo definitivo de los revolucionarios.
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