05 Meditación: Principio y Fundamento II - P Pablo Rossi - Ejercicios Espirituales online 2026
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El nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de
gracia, el Señor es contigo. Bendita tú
eres entre todas las mujeres y bendito
es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, madre de Dios, ruega por
nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Ave María purísima, sin pecado
concebida.
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
San Ignacio,
ruega por nosotros.
En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Seguimos
con el principio y fundamento.
Vemos la segunda parte que habla sobre
las criaturas
y una regla del uso de las criaturas que
se conoce así como el tanto cuanto.
Bien, la oración preparatoria como en el
ejercicio anterior,
como nos enseña San Ignacio en el número
46,
la composición de lugar,
verme delante de Dios, de la Virgen, de
todos los santos,
que esperan que yo acepte el don de las
criaturas que Dios me regala.
Dios me hace un regalo con las
criaturas.
Y yo lo tengo que aceptar.
Hm.
Aceptar.
Evidentemente vamos a ver a lo largo de
estos puntos de reflexión que significa
aceptar
el don de las criaturas.
Porque si, a ver, si a mí me regalan
este
una
lapicera
y yo la acepto, la acepto porque voy a
escribir con ella.
En cambio, si me la regala y la
reviento, la rompo, la tiro, la uso para
clavar un un clavo, no la estoy
aceptando.
No, aceptar implica darle el uso
que la que quiere la persona que me la
está regalando. Entonces, aceptar el don
de las criaturas
implica
aceptarlas y usarlas.
para lo que Dios me las dio.
Este, si
me regala un hijo es para que lo ame, no
para que lo maltrate,
¿no? Evidente. Entonces, aceptar
implica aceptar
el motivo por el cual Dios me los
regala. Bien, tenemos que aceptar el don
de las criaturas porque las criaturas
son un don.
E la petición va a ser esta, alcanzar el
conocimiento interno. De nuevo, es un
conocimiento profundo.
Sí, por ejemplo, eh
eh
yo, por ejemplo, uy, yo conozco que la
otra persona está sufriendo.
Eh, sé que eh mi amigo está sufriendo
porque perdió a su mamá.
Pero yo voy a conocer lo que sufre mi
amigo cuando yo pierda la mía, ¿no?
Entonces, un conocimiento puede ser algo
intelectual, superficial, ¿no? Acá se
pide conocimientos internos, profundos,
¿no?
Entonces, tener un conocimiento interno
del fin para el cual las criaturas
fueron creadas
y fuerzas para usarlas de ese modo.
Porque puede pasar que a mí por
lo decimos así sin explicarlo, por las
consecuencias del pecado original,
me gusta usarlas de otro modo,
¿no? para lo cual fueron creadas, ¿no? Y
entonces, bueno, vamos, puntos de
reflexión. El texto de San Ignacio
continúa así
y las otras cosas, sí, el hombre fue
creado, es creado, perdón, el hombre es
creado para alabar, hacer reverencia y
servir a Dios nuestro Señor y mediante
esto salvar su alma. Y continúa, y las
otras cosas sobre la faz de la tierra
son creadas, de nuevo el número, el
coso, el presente, ¿no? Son creadas para
el hombre
y para que le ayuden a la prosecución
del fin para el que es creado.
Entonces, las criaturas son creadas para
el hombre, para que el hombre pueda
usarlas para alabar, hacer reverencia y
servir a Dios nuestro Señor.
Son creadas para que le ayuden para en
persecución del fin para el que es
creado. ¿De dónde se sigue? que el
hombre tanto ha de usar de ellas
cuánto le ayuden para su fin y tanto
debe quitarse de ellas cuanto para ellos
le impiden. Y ese es el
tanto cuanto
tanto
cuánto
tanto
cuánto
bien
eso
lo que tenemos que reflexionar,
rezar y pedir las gracias para cumplir.
Bien, y vamos analizando este texto a
modo de punto de reflexión. En primer
lugar, necesitamos de las criaturas para
amar a Dios.
Uh, esto es así. Y de muchos modos
hemos visto que tenemos que amar a Dios,
lo cual significa alabarlo, hacerle
reverencia y servirlo. Pero para hacer
esto lo necesitamos de las criaturas.
En primer lugar,
necesitamos vivir. Yo voy a alabar a
Dios
si vivo, ¿no?
Entonces, para eso tenemos que comer,
para eso tenemos que vestirnos, para eso
tenemos que tener un lugar
en donde vivir, para eso necesitamos
trabajar, para eso necesitamos
herramientas de trabajo.
En fin, son todas cosas que necesitamos
para vivir y como necesitamos vivir para
amar, necesitamos esas cosas para amar a
Dios.
Entonces, saber
usar de las cosas
para amar a Dios.
Hm.
O sea, las uso porque entonces, por
ejemplo, ¿cómo lo que necesito para
vivir?
No es que me dedico para comer,
como para vivir, no vivo para comer.
Trabajo para vivir, no vivo para
trabajar.
y así sucesivamente.
Y después la vida con el sentido que
tiene alabar, hacer reverencia y servir
a Dios nuestro Señor.
H
también
eh necesito de las criaturas, no
solamente para vivir y así poder hacer
alabar a Dios, sino necesito de las
criaturas para amar a Dios.
Una cosa es que yo las use para vivir y
use la vida para amar a Dios y otra cosa
que use directamente la criatura para
amar a Dios. Y muchas veces la necesito
así para amar a Dios. Por ejemplo,
necesito rezar,
necesito de la oración,
necesito del dedicarle tiempo, necesito
del tiempo para no el tiempo para vivir
y vivir para amar a Dios. Necesito del
tiempo para amar a Dios. Entonces, le
necesito dedicar tiempo a la oración.
Necesitamos también libros para la
oración.
Necesitamos,
ustedes mismos están haciendo ejercicios
ignacianos,
están haciendo uso de la computadora,
están haciendo uso del internet,
todo para
unirse a Dios, para alabarlo, para
hacerle reverencia, para servirlo.
Entonces, las criaturas no solo que la
necesitamos para vivir, para con la vida
amar a Dios, sino que las criaturas las
necesitamos también como instrumento
directo de nuestro amor a Dios.
Por ejemplo, necesito la Biblia para
leerla. En fin, podemos poner muchos
ejemplos.
Y también necesitamos servir y amar a
Dios en el prójimo,
pues debemos ayudar al plan de Dios a la
salvación de las almas.
Y por eso necesitamos relacionarnos con
la gente, necesitamos tener amistades,
¿no? Entonces,
necesito del prójimo para amarlo
y para así vivir
lo que Dios quiere que yo viva.
No,
eh necesito eh trabajar para la
salvación de las almas, hacer
apostolado, hacer conocer a Dios.
En fin, fíjense como
eh y no solamente estos, pero como que
necesitamos
de las cosas,
sea desde el punto de vista meramente
material para la vida.
Pero también necesitamos de las cosas
como
instrumentos de caridad
para con Dios y para con el prójimo.
Y entonces para cumplir
la primera parte del principio y
fundamento que es alabar, hacer
reverencia y servir a Dios nuestro
Señor, necesitamos de las criaturas.
Y Dios ha creado las criaturas para eso.
Me las regala
para que yo pueda con ellas
amarlo, servirlo,
unirme a él y vivir con él toda la
eternidad.
Bien, el ejemplo los tenemos en los
santos. Basta ver la vida de los santos.
En cada uno de ellos lo que vemos es una
vida humana, no angelical.
No eran ángeles, eran hombres de carne y
hueso como nosotros.
Usaron entonces ellos también de las
cosas de este mundo,
pero el uso que ellos hicieron de las
cosas de este mundo fue tal que los
santificó.
Y Dios creó las cosas para eso,
para que usándolas
nos hagamos santos.
Así tenemos el ejemplo de los santos.
Sí.
Bien. Pero, ¿qué pasa?
Las cosas
que Dios las creó
para
que nosotros seamos santos, las creó
para que las usemos para alabar, hacer
reverencia y servir a Dios nuestro
Señor.
Eh, nos las regala para eso.
Nosotros las podemos usar mal,
las podemos usar para pecar.
H,
pero si bien las cosas están para ser
usadas, para hacerme santo, yo las puedo
usar para el pecado.
Puedo usar un martillo para trabajar
y ese trabajo para hacerme santo,
pero también puedo usar ese martillo
para matar una persona.
¿Puedo usar la sexualidad para expresar
mi amor, para colaborar según el plan y
voluntad de Dios en la aparición de
nuevos hijos? Pero también la puedo usar
para pecar.
Puedo usar la comida para alimentarme,
dar gracias a Dios,
ayudar a los pobres,
alegrar a la gente, la Virgen en las
bodas de Caná.
alegrar a la gente con una buena y sana
alegría, pero también la puedo usar para
pecar de gula.
Puede usar, no lo he escrito, pero del
prójimo para practicarle la caridad,
pero puedo usar al prójimo para
oprimirlo,
para usarlo como un objeto de placer.
No
podemos decir que en general,
así como Dios me creó para amarlo,
pero yo lo puedo rechazar.
Así creo las cosas para que las use
amarlo,
pero yo las puedo usar para pecar.
Entonces, tenemos que saber para qué
Dios creó las cosas. para alabarlo,
hacerlo reverencia y servirlo y usarlas
para eso, no para el pecado.
Pero hay se puede decir
una tercera posibilidad,
hacer de las cosas un uso desordenado,
desordenado.
Y este es un punto absolutamente clave
en la vida espiritual de las personas
y que es también clave
en la enseñanza de San Ignacio. San
Ignacio le da mucha importancia, una
importancia radical a este punto,
cómo realmente tiene el uso desordenado
de las cosas. No solamente tenemos que
evitar pecar con las cosas, tenemos que
evitar hacer un uso desordenado de
ellas.
Y ahora vamos a explicar qué significa
esto.
Las cosas se pueden usar para amar a
Dios.
Las cosas se pueden usar también para
pecar,
pero también podemos usar las cosas de
modo tal que sin estar haciendo algo que
en sí mismo es un pecado,
igualmente
no las uso para amar a Dios.
Por ejemplo,
no es un pecado
tener un celular.
Y yo tengo el celular y lo uso.
Sí, lo puedo usar para pecar,
pero bueno, no, yo no lo uso para pecar.
Las cosas que miro en el celular no son
pecaminosas.
Veo videos de YouTube
15 horas al día.
Eh, veo videos de YouTube de cocina.
Me gusta la cocina y veo 15 horas por
día videos de cocina.
Está
bien. Si bien eh ver un video de cocina
por YouTube no es un pecado, hay que ver
si yo lo hago para amar a Dios, alabar y
hacerlo reverencia.
Entonces podemos usar de las cosas
sin que ese uso sea de suyo un pecado.
Pero no lo uso por amor a Dios, lo uso
por amor a la cosa misma.
Yo amo ver videos de YouTube y no veo
videos de YouTube por amor a Dios. Veo
videos de YouTube por amor a los videos
de YouTube. Es más, por amor a ver
videos de YouTube. Veo videos de
YouTube, no por amor a Dios.
Es verdad, no son pecaminosos esos
videos. No es pecado ver ese video. Es
más, lo puedo ver de modo recreativo,
pero yo
no lo veo por amor a Dios. No me estoy
recreando por amor a Dios. No lo estoy
haciendo para servir a Dios. Lo hago
porque amo ver videos de YouTube y paso
15 horas al día haciéndolo.
Bien, evidentemente que así no estoy
cumpliendo el principio y fundamento.
Evidentemente que así no estoy alabando,
haciendo reverencia y sirviendo a Dios
nuestro Señor.
Entonces es un uso desordenado.
Si este desorden es consentido,
ya se transforma en pecado,
un pecado contra el primer mandamiento,
por pues estoy repartiendo mi amor entre
Dios y las criaturas.
Amo
10 horas por día
a Dios y 14 horas por día los videos de
YouTube.
No reparto mi amor entre Dios y las
criaturas. Entonces, no estoy amando a
Dios el 100%, no estoy amando a Dios con
todas las fuerzas. Entonces, cuando esos
desórdenes uso las criaturas, no por
amor a Dios, sino por amor a las
criaturas, por más que no sea en una
acción de suyo pecaminosa,
las uso por amor a las criaturas y no
por amor a Dios, es un desorden. Si yo
lo consiento y digo, "Sí, no, sí, sí, yo
amo la criatura y no amo a Dios, ya ahí
ya se transforma en pecado."
Hm.
Este,
¿por qué es un pecado contra el primer
mandamiento de amar a Dios con todas mis
fuerzas?
Y este desorden
que es pecado cuando es consentido
puede ser incluso pecado grave,
si es decir mortal, si ese desorden es
grave, si ese rechazo de Dios es total,
yo amo las criaturas y no amo Dios. Es
verdad que con las criaturas hago cosas
que de suyo materialmente no son
pecaminosas, pero yo amo las criaturas,
no amo a Dios. Es un desorden tal
consentido y grave. Entonces puede
llegar a ser incluso ese desorden pecado
mortal,
¿no? Entonces desorden.
Ahora, cuando este desorden no es
consentido,
no es ni siquiera
porque no es advertido, yo tengo un
desorden. Sí. Eh, bien. Es un una
imperfección.
No hay pecado.
Aunque
puede ser esta imperfección que no es
pecado, porque el desorden, yo uso esta
criatura por amor a la criatura, no por
amor a Dios, entonces la uso
desordenadamente.
Pero ese desorden no es consentido. Yo
no me doy cuenta.
Yo realmente no pensé mucho cuando
compraba esta
este Mercedes Ben.
No pensé realmente si lo hacía por amor
a Dios o no lo hacía por amor a Dios.
Sí, sí, ahora me doy cuenta, ahora
pienso que sí, no lo hice, por amor a
Dios. Pero bueno, cuando lo compré, yo
no estaba pensando en eso. No fue algo
consentido,
fue una actividad eh desordenada, sí,
este,
pero
eh no consentida. Entonces, fue una
imperfección, no fue un pecado. Pero,
¿saben qué?
Si yo hubiese amado más a Dios,
me hubiese dado cuenta que eso era un
desorden
y entonces no lo hubiese hecho.
Entonces, los desórdenes, que significa
usar de las cosas, no por amor a Dios,
por más que no sea en un uso pecaminoso,
desórdenes, que significa usar de las
cosas, no por amor a Dios. Esos
desórdenes,
eh, si son consentidos, advertidos y
queridos,
eh ya son un pecado.
Si son inadvertidos
y por consiguiente no consentidos, pero
reales no son pecados, pero pueden ser
consecuencias de una falta de caridad,
de que yo no amo a Dios en realidad como
tendría que amarlo, porque si lo amase
como tendría que amarlo, me daría cuenta
que eh esto es un desorden, ¿no?
El punto que queremos veo el tiempo.
El punto
que quiero resaltar
es que todo lo que usamos lo tenemos que
usar en la medida que me sirva para
unirme a Dios.
Y si no me sirve para unirme a Dios,
no lo debo usar.
Porque en la medida que no me sirve para
unirme a Dios, ese uso me aleja,
porque siempre hacemos algo por amor.
Y si no me sirve
para amar a Dios, es porque estoy no
amando a Dios, sino amando otra cosa
en lugar de Dios,
no por amor a Dios.
Y entonces me está
eh separando de Dios, no me está
separando de Dios. Entonces, yo tengo
que aprender a usar las cosas solamente
en la medida que me ayudan a ser santo.
Tengo que aprender a usar las cosas
solamente en la medida que me ayudan a
unirme a Dios.
Tengo que aprender a usar las cosas en
la medida que me ayudan a crecer en
caridad.
Tengo que aprender a a a a usar las
cosas en la medida que mi corazón
se pone más en Dios
y tengo que dejar de usar las cosas en
la medida que ese uso a las cosas me
hacen poner mi corazón en las cosas y no
en Dios.
Y esa es la regla del tanto cuanto que
presenta San Ignacio.
San Ignacio explica todo esto con esta
regla conocida del tanto cuanto.
Dice así, "¿De dónde se sigue que el
hombre tanto ha de usar de las cosas
cuánto le ayuden para su fin?" Es decir,
para amar a Dios, para unirse a Dios,
para alabarlo, hacerle reverencia y
servirlo. Y tanto debe separarse de
ellas.
¿Cuánto le impiden?
Tanto cuánto.
Bien,
¿qué tenemos que hacer nosotros ahora en
la oración?
Recordar
que debo amar a Dios.
Después
ver
el enorme amor que Dios nos tiene al
darnos todas las cosas.
Está pensando en todos los detalles
para decir, eh, pero es real, ¿no? Pero
para decirlo así, pero es real. Cada
molécula de aire que entra por mis
pulmones y me ayuda a vivir es un regalo
de Dios. Dios está en todos los
detalles,
me está continuamente regalando cosas
y nos da mucho más de los que
necesitamos
porque me podría dar mucho menos y ya
sería suficiente
para amar a Dios. Y sin embargo me da
mucho más.
Es sobreabundante.
Qué bueno que es Dios.
Y me debo preguntar, ¿uso las cosas que
Dios me da para amarlo?
¿O por el contrario las uso para
alejarme de él?
Imagínense que eh mi,
yo qué sé, no sé, pero mi mamá me regala
una virome,
¿eh? Y después
yo amo tanto esta virome que regaló mi
mamá. que me regaló mi mamá, que me
olvido de ayudar a mi mamá. Mi mamá me
está necesitando, está enferma, pero yo
por mirar esta virome la dejé morir.
Así hacemos nosotros
o podemos llegar a ser nosotros por amor
a las criaturas que Dios me regaló, hago
morir a Dios en mi alma porque no pienso
nunca en él.
Estoy pensando solamente en las
criaturas.
Entonces, uso de las criaturas
para amarlo, hacer reverencia y
servirlo.
O lo uso para olvidarme de él. Me hacen
olvidar de él.
Cuando trabajo, no estoy. Ese trabajo no
me ayuda a unirme a Dios.
Jamás se lo ofrezco.
Pienso solo en ganar más plata
para irme de vacaciones más días
y nada de eso estoy pensando en Dios. Y
entonces me las criaturas que Dios me
regaló para alabarlo me sirven en
realidad para olvidarme de él, porque me
distraen.
Así uso yo las criaturas. Qué ingrato
que soy.
Si uso las criaturas para despreciar a
Dios,
porque las prefiero antes que Dios.
Bien, reflexionar sobre esto, pensar
cómo puedo hacer para empezar a usar las
criaturas de modo tal que me sirvan para
crecer en santidad, que me sirvan para
ser más santo
y pedirle en todo ayuda a Jesús y a la
Virgen.
En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
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